CÓMO TRATAR NATURALMENTE LA ARTRITIS REUMATOIDE



Aunque no se puede prevenir, seguir algunas recomendaciones puede aliviar los síntomas de la artritis reumatoide.

La artritis reumatoide (AR) se trata de una dolencia progresiva, de desarrollo gradual y sutil, que comienza con la una inflamación de la membrana sinovial (membrana que alimenta, protege y cubre los cartílagos) de las articulaciones, que se extiende alrededor de ella, llegando incluso a dañar tejidos circundantes. En algunas ocasiones la artritis reumatoide puede tener un comportamiento extraarticular y dañar órganos y sistemas como el corazón, el riñón y el pulmón. Por este motivo es una enfermedad sistémica.

Las articulaciones más afectadas son las de las manos y de los pies, aunque también puede presentarse en las muñecas, las rodillas, los tobillos o el cuello, entre otras articulaciones. La artritis reumatoide es una enfermedad simétrica y permanente, porque a menudo afecta a las articulaciones de ambos lados del cuerpo y en donde se alternan años de ataques y remisiones.

La artritis reumatoide es mucho más frecuente en el sexo femenino que en el masculino y suele aparecer en personas adultas mayores (entre 25 - 55 años), pero puede iniciarse en cualquier etapa de la vida y afectar a cualquier persona, con independencia de la raza, el sexo y la ocupación.

CAUSAS QUE PROVOCAN LA ARTRITIS REUMATOIDE   
Aún no se conocen en profundidad las causas de la AR. Lo que sí se sabe es que se trata de un trastorno autoinmune y que en su origen intervienen causas genéticas, así como causas no genéticas.

CAUSAS GENÉTICAS 
El hecho de que padres, abuelos, hermanos o familiares cercanos de una persona hayan padecido o padezcan AR, constituyen un factor de riesgo a tener en cuenta. No obstante, conviene insistir en que los factores genéticos sólo son predisponentes, y no determinantes, lo que significa que una persona que sea portadora de algún rasgo genético que potencialmente favorezca el desarrollo de AR no necesariamente acabará desarrollando la enfermedad.

CAUSAS NO GENÉTICAS
Sistema inmunológico
La AR está clasificada como una enfermedad autoinmune, es decir, el propio sistema inmune ataca a partes del propio organismo, en especial a las articulaciones porque no las reconoce como propias y por ello se produce esta inflamación.
Infecciones
Se ha postulado que las infecciones por diversos virus o bacterias podrían desencadenar la enfermedad o agravar su curso. Esta teoría se basa en que en algunas ocasiones la AR se ha presentado de forma similar a los brotes epidémicos. Debe quedar claro que la AR no es una enfermedad contagiosa que se transmita directamente de persona a persona.
Hormonas femeninas
Al parecer, las hormonas femeninas, en particular los estrógenos, protegen contra la AR, ya que se ha constatado que tanto el consumo de anticonceptivos como el embarazo disminuyen el riesgo de que se desarrolle la enfermedad y reducen o retrasan sus manifestaciones, mientras que en el período posterior al parto y en la menopausia, cuando se reduce la actividad de estas hormonas, ocurre lo contrario.
Tabaquismo y estrés
Se ha encontrado una clara relación estadística entre el hábito de fumar y el estrés, de un lado, y el riesgo de desarrollar AR, sobre todo en las personas genéticamente predispuestas. Por ejemplo, se ha visto que, en muchos pacientes, las primeras manifestaciones y los brotes sintomáticos de la AR son precedidas por épocas de estrés y/o de incremento de consumo de tabaco.
Obesidad y tipo de alimentación
Se ha demostrado que la AR es más frecuente en personas obesas. No se ha podido evidenciar que alguna dieta en particular tenga un efecto sobre el riesgo o el pronóstico de la AR, aunque es probable que las dietas ricas en pescado azul contribuyan a disminuir la intensidad de la inflamación articular y que una alimentación sana en general resulte beneficiosa en la prevención de esta enfermedad.

SÍNTOMAS DE LA ARTRITIS REUMATOIDE
La artritis reumatoide tiene una forma de inicio sumamente variable, aunque hay algunos patrones de comienzo de la enfermedad que son más o menos característicos. En la mayoría de los casos, los primeros síntomas corresponden a manifestaciones de inflamación articular:
  • Rigidez matutina, dificultad en el inicio de los movimientos durante más de 45 minutos.
  • Dolor en pequeñas y grandes articulaciones
  • Tumefacción
Precedidas por manifestaciones generales inespecíficas como:
  • Malestar general
  • Cansancio
  • Fiebre ligera (temperatura entre 37ºC y 38ºC)
  • Pérdida de apetito
  • Adelgazamiento  
En general, los síntomas que denotan la inflamación articular suelen intensificarse gradualmente a lo largo de semanas o meses, aunque puede ocurrir que en el comienzo de la enfermedad se presenten de forma brusca e intensa.

Otras manifestaciones de la inflamación articular menos frecuentes son un ligero calentamiento en la piel que recubre las articulaciones afectadas y, más raramente, el enrojecimiento de la zona.

En las fases más avanzadas, conforme las lesiones afectan al cartílago articular y a los huesos, la limitación de la movilidad se acentúa y aparece deformaciones esqueléticas.

En algunos casos, el trastorno se inicia con una manifestación extraarticular, lo que expresa el compromiso de otros órganos. Lo más habitual es que se presente cuando la enfermedad ya está bien establecida. Las manifestaciones extraarticulares más destacables son:

En los vasos sanguíneos
La vasculitis o inflamación de la pared de los vasos sanguíneos. En la AR afecta particularmente a los vasos sanguíneos más pequeños, es decir, las arteriolas, las vénulas y los capilares.

Las lesiones ocasionadas por la vasculitis son especialmente evidentes en la piel, en la que a veces pueden verse unas pequeñas líneas de color violáceo, sobre todo en los dedos, particularmente en las proximidades de las uñas. También pueden desarrollarse erosiones o úlceras, en especial en las piernas.

En algunos casos, afecta de forma manifiesta a los órganos internos, en especial el corazón y las vísceras digestivas. También pueden resultar afectados los nervios periféricos, que puede generar síntomas muy diversos, como pérdida de la sensibilidad u hormigueo en una parte del cuerpo, que por lo general son transitorios.

En la piel
Los nódulos reumatoides que son unos bultos de consistencia más o menos firme y habitualmente indoloros que se forman debajo de la piel. Su evolución es muy variable e impredecible: pueden crecer progresivamente, desaparecer, reaparecer o persistir de manera indefinida.

Por lo común, se desarrollan en las zonas de mayor roce o fricción, como la parte posterior de los codos, la superficie dorsal de los dedos de las manos, la rodilla, la cara anterior de las piernas, la parte superior del pie y el tendón de Aquiles (parte posterior del tobillo). En las personas que guardan cama durante mucho tiempo pueden aparecer en la nuca, la espalda y las nalgas.

Es frecuente que se produzca eritema palmar, que es un enrojecimiento de las palmas de las manos.

También puede estar presente el fenómeno de Raynaud (cambios de coloración de la piel).

En el corazón
La vasculitis o inflamación de la pared de los vasos sanguíneos. Es raro que adquiera la suficiente gravedad como para generar síntomas específicos e identificables, excepto en las fases avanzadas de los casos más graves.

Los nódulos reumatoides también pueden desarrollarse en el corazón, sin que por ello genere repercusiones notables en la salud del afectado. No obstante, de manera excepcional pueden formarse en estructuras especialmente sensibles como las válvulas cardíacas, lo que puede originar alteraciones en el funcionamiento del corazón.

La pericarditis o inflamación del pericardio (el manto que recubre por fuera el corazón), en algunas ocasiones constituye la primera manifestación de la AR.

En los pulmones
Las manifestaciones pulmonares más relevantes que se presentan con mayor frecuencia en algún momento de la enfermedad son la pleuritis y el derrame pleural.

La neumonitis, es decir la inflamación de los pulmones, es una complicación poco frecuente pero que puede ser seria. Se da con más frecuencia en fumadores, varones o personas con enfermedad más avanzada.

También pueden desarrollarse nódulos reumatoides en los pulmones, especialmente en las cuerdas vocales que puede originar alteraciones en el funcionamiento en la voz (ronquera mantenida sin catarro).

En los ojos
Las personas que padecen AR durante varios años suelen presentar cierto grado de sequedad e irritación ocular (conjuntivitis), que a menudo se percibe como la sensación de tener arenilla en los ojos. Estos síntomas se producen por la inflamación persistente y el consecuente endurecimiento y atrofia de las glándulas lagrimales.

La vasculitis puede afectar también en los pequeños vasos del ojo que puede dar lugar a una forma grave de escleritis dolorosa donde se afectan las capas profundas del ojo, y a la episcleritis, que es benigna y desaparece.

En la sangre
Las personas con AR pueden padecer una gran diversidad de alteraciones en la sangre, las cuales no sólo son propias de la enfermedad, sino que también pueden ser provocadas por la medicación.
  • Anemia. La anemia se detecta en alrededor de la mitad de las personas con AR. Es posible que se produzca por la propia enfermedad, ya que suele presentarse o agravarse durante los períodos de agudización, pero también puede aparecer a consecuencia de las úlceras y las pequeñas pero persistentes hemorragias digestivas que originan algunos medicamentos. Los síntomas característicos de la anemia son: cansancio, debilidad muscular y tonalidad pálida en la piel.
  • Trombocitosis. Con cierta frecuencia se detecta un aumento de la concentración de las plaquetas, elementos de la sangre que participan en el fenómeno de la coagulación. Los médicos ponen un celo especial en controlar esta alteración, puesto que puede favorecer la formación de coágulos en el interior de los vasos sanguíneos.
En el sistema nervioso
La artritis reumatoide suele respetar el sistema nervioso central de forma directa, aunque la vasculitis puede causar neuropatía periférica.
 
La subluxación de la articulación situada entre la primera y la segunda vértebras cervicales, está presente en un tercio de los pacientes con AR, pero suele ser asintomática.
 
La mielopatía cervical (afectación de la médula espinal debido a la inestabilidad cervical), puede ser mortal. Los síntomas incluyen parestesias u hormigueos, debilidad, parálisis, pérdida sensorial, incontinencia urinaria y síncope.
 
Sindrome de Felty
El síndrome de Felty, de causa desconocida, afecta en la actualidad a menos del 1% de las personas con AR. Consiste en la asociación de disminución de cierto tipo de glóbulos blancos (los neutrófilos), aumento del tamaño del bazo (órgano abdominal que se encarga de destruir los glóbulos rojos envejecidos y que, además, forma parte del sistema inmunitario), infecciones repetidas, úlceras y pigmentación oscura en la piel de las extremidades inferiores, aumento del tamaño de los ganglios linfáticos, aumento del tamaño del hígado y formación de nódulos reumatoides.
 
Síndrome de Sjögren
Algunas personas con AR padecen este trastorno asociado, en el que la atrofia afecta a diversas glándulas del cuerpo y se presenta sequedad no sólo en los ojos, sino también en la boca, la piel y la vagina, e incluso una disminución de la producción de los jugos digestivos.
 
COMPLICACIONES DE LA ARTRITIS REUMATOIDEA 
Las complicaciones y trastornos asociados más destacables son las infecciones, la amiloidosis, la osteoporosis y la consecuente predisposición a sufrir fracturas, la aterosclerosis.
 
En los controles periódicos, los facultativos orientan a sus pacientes en la prevención de estas complicaciones y toman las medidas necesarias para detectarlas y tratarlas lo antes posible.
 
Es muy importante reconocer los síntomas y signos cuya aparición pueda relacionarse con una situación potencialmente grave y requiera una pronta consulta con el médico, entre ellos:
  • Dificultad para respirar
  • Deposiciones de color muy oscuro o negruzco
  • Fiebre persistente sin causa identificada
  • Agrandamiento de los ganglios linfáticos (bultos en cuello, ingles, etc.)
  • Aparición de erosiones en la piel y/o boca
  • Inflamación mucho mayor y repentina en una sola articulación
  • Tumefacción súbita de la rodilla y de la pierna
  • Imposibilidad repentina para extender uno o más dedos de la mano
  • Dificultad para levantar la parte anterior del pie al caminar
  • Oscurecimiento de los dedos de las manos o de los pies
  • Pérdida del control de esfínteres
Es muy importante establecer lo antes posible el diagnóstico de la artritis reumatoide, ya que el tratamiento precoz aumenta la probabilidad de controlar la inflamación de las articulaciones y evitar el daño de las mismas, e incluso conseguir la remisión de la enfermedad (ausencia absoluta de síntomas de la enfermedad). Por ello, ante la aparición de síntomas como todos los descritos anteriormente, se debe consultar con el médico de atención primaria, quien, si sospecha de que se padezca de AR, remitirá al reumatólogo para confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento.

CÓMO TRATAR NATURALMENTE LA ARTRITIS REUMATOIDE   
El tratamiento disponible en la actualidad no permite curar la enfermedad, aunque sí aliviar de manera notable la intensidad de las manifestaciones, reducir o incluso frenar la actividad inflamatoria y prevenir las secuelas de las fases avanzadas.

El tratamiento consiste básicamente en la combinación de una terapia natural y una terapia farmacológica. De forma complementaria, a veces se recurre a la cirugía, por ejemplo para reconstruir un tejido afectado o para reemplazar una articulación muy dañada por una prótesis.

La terapia natural incluye un amplísimo abanico de recomendaciones generales y terapias complementarias con objetivos tan variados como adaptar los hábitos de vida a las capacidades del afectado con AR, aliviar y/o saber convivir con el dolor, mejorar la flexibilidad de las articulaciones o sentirse con más energía y optimismo.

El tratamiento natural para la artritis reumatoide puede incluir:

CAMBIOS EN EL ESTILO DE VIDA
Para afectados con AR leve o controlada
En general, en los afectados con AR que se encuentran en las fases iniciales o que sólo tienen manifestaciones leves, así como en aquellos en quienes se ha conseguido una remisión (ausencia de dolor, rigidez e inflamación articular) y no presentan daño articular, las recomendaciones referentes a la salud son:
  1. No fumar. El consumo de tabaco es un factor muy conocido que perjudica a la salud, pero en el caso de las personas con AR se ha confirmado que el tabaco, además de incrementar de forma importante el riesgo de dañar las arterias del cuerpo (arteriosclerosis), también favorece que la enfermedad sea más grave y difícil de tratar.
  2. Dormir un mínimo de ocho horas diarias. Es conveniente que las personas con AR procuren dormir unas 8-10 horas diarias durante la noche y que, en los períodos de mayor actividad inflamatoria, destinen 30-60 minutos suplementarios al descanso a media mañana y a primera hora de la tarde. Es conveniente utilizar un colchón firme, colocar la almohada de forma tal que sujete la cabeza sin flexionarla hacia arriba, disponer cojines bajo las rodillas para que no queden flexionadas y también, si se duerme de lado, bajo la cintura, en este caso para mantener el cuerpo bien alineado.
  3. Baños calientes. También son aconsejables los baños con agua caliente antes del reposo nocturno, porque ayudan a conciliar el sueño, como al levantarse por las mañanas, puesto que reducen tanto la intensidad como la duración del dolor y la rigidez matutina.
  4. Realizar un ejercicio físico aeróbico moderado (30 minutos, tres veces por semana). Conviene evitar los ejercicios físicos y las actividades deportivas que conllevan la realización de esfuerzos intensos y mantenidos. En cambio, los ejercicios aeróbicos, como los que representan la marcha, andar en bicicleta y nadar, practicados con moderación, durante un mínimo de unos 30 minutos y tres veces a la semana, figuran entre los más recomendados.
  5. Evitar, en lo posible, las actividades laborales o de ocio que conlleven un esfuerzo físico demasiado intenso o sostenido
  6. Reducir el estrés. Evitar en lo posible una vida agitada. Intentar realizar actividades para reducir el estrés, como meditación, yoga o taichí.
  7. Seguir una dieta sana. Una de las principales medidas a tener en cuenta es llevar una dieta sana y equilibrada, como la dieta mediterránea, rica en alimentos vegetales naturales y baja en grasas saturadas y en sal. La alimentación adecuada consiste en aportar alimentos saludables y aumentar aquellos que proporcionen propiedades antiinflamatorias y antioxidantes.
    • Alimentos adecuados: Entre los alimentos más importantes tenemos los siguientes:
      • Alimentos ricos en triptófano. Pueden ayudar a mejorar el estado anímico. Los alimentos ricos en triptófano son: el plátano, patata, huevo, pescado, frutos secos, legumbres (garbanzos, lentejas, hummus, habas, guisantes, etc.).
      • Ácidos grasos Omega 3 y 6. Ayudan a reducir la inflamación. Los alimentos ricos en omega 3 y 6 son: las semillas de chía, aguacate, quinoa, semillas de girasol, almendras, nueces, pasta de sésamo (tahini) y el pescado azul. Se recomienda el consumo diario de al menos una ración de alimentos ricos en omega 3.
      • Alimentos ricos en antioxidantes. Se recomienda comer legumbres 3-4 veces a la semana, granos integrales (arroz integral, trigo sarraceno, copos de avena, mijo, quinoa, patata o boniato), col, brócoli, rabanitos, rúcula, ajo, zanahorias, mango, melocotones, nectarinas, albaricoques, cerezas, tomates, calabazas, germen de trigo, lechuga, alcachofas, coliflor, etc.
      • Alimentos ricos en calcio. Nunca deben ser los lácteos (o la bebida vegetal enriquecida) la única fuente de calcio. Se deben aportar otros alimentos ricos en este mineral como las algas (algas wakame, hiziki, arame, cochayuyo, musgo de Islandia, kombu, Espagueti de mar, Nori, Agar agar, Dulse), el brócoli, las legumbres, el repollo, el sésamo, las semillas y frutos secos en general, tofu, seitán. De no tomar lácteos, se recomiendan alimentos enriquecidos como la bebida vegetal enriquecida con calcio.
    • Alimentos no recomendados:
      • Grasas animales, en exceso, especialmente las que proceden de carnes procesadas (fiambre, salchichas, salchichón, longanizas, chorizo, mortadela, chopped, beicon, panceta, jamón york, jamón cocido...) y carnes rojas.
      • Grasas trans o hidrogenadas, ya que estas producen inflamación y dolor (bollería, chocolates, pasteles y otros dulces industriales, postres azucarados, precocinados, margarinas, etc.).
      • Alimentos fritos y/o con mucho azúcar.
      • Productos salados (salazones, encurtidos...)
      • Productos lácteos elaborados con mucho azúcar, grasas o aditivos (natillas, cremas, arroz con leche industrial, leche condensada, etc.).
      • Aceites refinados, porque contienen menos vitamina E y polifenoles, sustancias con propiedades antioxidantes.
      • Alcohol. Aumenta los síntomas de la AR.
Para afectados con síntomas y/o lesiones manifiestos 
En las personas con síntomas más manifiestos o que presentan limitaciones en la movilidad, además de añadir las anteriores recomendaciones se debe tener en cuenta estrictamente las siguientes:
  1. Reposo. Permite que el organismo se recupere mejor y más rápido del desgaste que supone la actividad inflamatoria persistente, ayuda a combatir el cansancio y la debilidad muscular, tan comunes en las personas con AR, y contribuye a que las articulaciones trabajen menos. En términos generales, durante las fases de mayor actividad inflamatoria se recomienda incrementar el reposo y suspender el ejercicio físico, o por lo menos reducir su intensidad, mientras que en las fases de menor actividad inflamatoria o de remisión sintomática se recomienda lo inverso, aunque con matices: reducir hasta cierto punto el tiempo dedicado al reposo y retomar o incrementar el ejercicio físico.
  2. Ejercicio individualizado según la intensidad de los síntomas y las zonas esqueléticas afectadas. Suele resultar conveniente realizar ciertos tipos de ejercicios específicos para las articulaciones afectadas. Así como, los ejercicios isométricos, en los que se contrae un músculo sin que se mueva la articulación implicada (por ejemplo, mantener una pierna extendida sin moverla), sirven para fortalecer la musculatura sin sobrecargar la articulación. O también, los ejercicios dinámicos, en los que se efectúa repetidamente todo el movimiento que consiente una articulación hacia una y otra dirección (por ejemplo, flexionar y estirar el brazo alternativamente), pueden ser de utilidad para prevenir la limitación de movimiento (en este caso, la del codo).
  3. Evitar los trabajos u ocupaciones que requieren un esfuerzo físico intenso o continuo
  4. Evitar mantenerse varias horas en una posición fija, ya sea de pie o sentado.
  5. Evitar movimientos repetitivos con las articulaciones afectadas, sobre todo si tienen que realizarse de forma enérgica.
  6. Interrumpir más o menos cada media hora la actividad que se esté realizando, con el objeto de evitar sobreesfuerzos en las articulaciones comprometidas.
  7. Controles clínicos periódicos. Las personas con AR y, sobre todo, los que tienen una enfermedad mal controlada y con importante inflamación, tienen más riesgo de que se dañen vasos sanguíneos y una mayor predisposición a presentar complicaciones cardiovasculares (infartos cardíacos o cerebrales). Por este motivo es muy importante intentar que la enfermedad esté bien controlada, además de controlar también otros factores que predisponen a dañar los vasos sanguíneos como son: obesidad, diabetes, niveles altos de triglicéridos, niveles bajos de colesterol bueno, hipertensión arterial.
FISIOTERAPIA
Las personas con AR pueden requerir la ayuda de la fisioterapia en diversas fases y circunstancias de la enfermedad, en particular para aliviar el dolor, reducir la rigidez y aumentar la flexibilidad articular. En general, se considera que estas terapias constituyen un complemento del tratamiento farmacológico y del ejercicio físico, ya que sólo tienen un efecto puntual y pasajero.

La fisioterapia corresponde a la utilización de un conjunto de medios físicos para el tratamiento de enfermedades, entre ellos:
  • El calor superficial se aplica mediante bolsas, almohadillas o mantas calientes, lámparas de rayos infrarrojos, baños de parafina o baños de agua caliente. Suele indicarse al levantarse por las mañanas y antes del ejercicio físico, y puede llevarse a cabo en el propio domicilio del paciente. Es importante que la aplicación de calor superficial no dure más de 20 minutos y que en ningún caso produzca dolor. Por la misma razón, se desaconseja dormir con una bolsa o manta caliente.
  • El calor profundo se aplica mediante aparatos especiales que convierten la electricidad o los ultrasonidos en calor. Se trata de un procedimiento que se ha de llevar a cabo en sitios especializados, ya que requiere la orientación y ayuda por parte del fisioterapeuta.
  • La estimulación eléctrica de un determinado nervio a través de la piel (estimulación eléctrica nerviosa transcutánea o TENS), que también se lleva a cabo con un aparato especial y bajo el control de un fisioterapeuta, puede ser de utilidad para aliviar el dolor y la rigidez articular.
  • La aplicación de frío local, por ejemplo mediante bolsas de hielo, está indicada para casos de inflamación intensa y repentina o para evitar que una articulación se inflame y duela tras el ejercicio físico o la realización de movimientos repetidos con una articulación.
  • Masajes. Los masajes en las zonas doloridas pueden constituir la forma más adecuada para reducir el dolor.
DISPOSITIVOS ORTOPÉDICOS
A lo largo de la evolución de la enfermedad, las personas con AR pueden requerir la utilización de diversos tipos de dispositivos ortopédicos. Lo que se persigue mediante el uso de estos dispositivos es:
  • Inmovilizar temporalmente un determinado segmento esquelético, por ejemplo un dedo, una mano, una pierna o el cuello.
  • Evitar la sobrecarga de una determinada articulación, en particular los tobillos, rodillas y caderas.
  • Acelerar la recuperación funcional de una articulación con limitaciones en la movilidad.
  • Evitar la adopción de las denominadas «posiciones viciosas».
  • Prevenir el desarrollo de deformidades esqueléticas.
Algunos dispositivos ortopédicos se indican temporalmente, hasta que la articulación afectada se desinflame y deje de resultar dolorosa y, por tanto, pueda ser movilizada nuevamente. Éste es el caso de las férulas de reposo que se colocan en las extremidades (por ejemplo, en los dedos) o el de los collarines que se utilizan para proteger el cuello. En cambio, los dispositivos ortopédicos que se utilizan para prevenir deformaciones, como por ejemplo plantillas para los pies, suelen ser necesarios durante períodos de tiempo muy prolongados.

Algunos de estos dispositivos sólo se utilizan para realizar ciertas actividades. Así, a veces se recomienda el uso de un bastón para evitar la sobrecarga de las rodillas y las caderas al caminar, o el de una rodillera para subir y bajar escaleras o realizar alguna actividad deportiva.

TERAPIAS ALTERNATIVAS
A veces se sugieren vitaminas y otras terapias alternativas para el tratamiento de la artritis reumatoide. Algunas terapias ayudan a reducir el estrés.

Debe consultar con el médico antes de comenzar una terapia alternativa. Si el médico piensa que la terapia puede ayudar y no es peligrosa, ésta puede llegar a formar parte del tratamiento regular.
  1. Hidroterapia. Los balnearios aplican aguas mineromedicinales, generalmente termales, para el tratamiento de la artritis. Los llamados centros SPA (salud por el agua) realizan tratamientos estéticos y de relax mediante el uso de agua que, sin embargo, no tiene características mineromedicinales como la de los balnearios. Ambas formas pueden ser útiles en la artritis.
  2. Acupuntura. La acupuntura es una práctica china tradicional mediante la cual se insertan agujas delgadas pequeñas en la piel en puntos específicos del cuerpo. La posición y la profundidad exactas de las agujas están determinadas por un diagnóstico altamente individualizado. Aparentemente, la acupuntura promueve la producción de unas sustancias analgésicas llamadas endorfinas.
  3. Aceites Esenciales. Realizar masajes con aceites esenciales analgésicos y antiinflamatorios como:
    • Aceite esencial de menta: Diluir unas gotas de aceite de menta en alcohol y con ellas se impregna una compresa con la que se moja la articulación afectada.
    • Aceite esencial de limón: Diluir unas gotas de aceite esencial de limón en un aceite base y masajear sobre la articulación o zonas afectadas. No exponerse al sol las 12 horas posteriores a la aplicación ya que se trata de un aceite fototóxico.
  4. Suplementos nutricionales. Muchas personas con AR consiguen mejorar su calidad de vida complementando el tratamiento médico con una dieta adecuada y complementos alimenticios. Entre los principales complementos adecuados se encuentran:
    • Vitamina C: Es beneficiosa por sus propiedades antioxidantes, que reducen los efectos negativos por los radicales libres sobre el cartílago de las articulaciones, al mismo tiempo que incentiva la producción de colágeno, la proteína principal de los huesos y cartílagos.
    • Vitamina E: Al igual que la vitamina C, la vitamina E es un potente antioxidante, capaz de neutralizar el desgaste articular que producen los radicales libres. Puede ayudar a aliviar el dolor.
    • Vitaminas del complejo B: Estudios científicos han demostrado que las personas con AR tienden a tener carencias de algunas vitaminas del grupo B, o pueden tener necesidades superiores de las mismas. El Ácido fólico puede ayudar a reponer las deficiencias en personas que toman medicamentos a base de metotrexato para reducir el dolor. Según estudios, el ácido fólico puede reducir los efectos secundarios producidos por esta medicación, como las llagas en la boca y las náuseas.
    • Vitamina D: Puede ser deficitaria en personas con AR. Buenos niveles de esta vitamina ayuda a fijar el calcio a los huesos y a prevenir la artrosis y la osteoporosis.
    • Magnesio: Se ha comprobado como la ingestión de este complemento mejora la salud de los huesos, dado que ayuda a estabilizar el calcio.
    • Ajo: Es un excelente antiinflamatorio. Sus principios azufrados ayudan disminuir la inflamación y retención de líquidos que se produce habitualmente en las articulaciones de las personas con AR. El ajo presenta contraindicaciones cuando se utilizan medicamentos anticoagulantes.
    • Tomillo: Por su riqueza en timol lo hace muy adecuado para el tratamiento de las enfermedades artríticas. Es antiinflamatorio y ayuda a aliviar el dolor.
    • Ácido hialurónico: Una sustancia presente de forma natural en la articulación, que evita el desgaste de los huesos y los protege contra el rozamiento.
    • Jengibre: El jengibre constituye uno de los mejores antiinflamatorios y analgésicos vegetales.
    • Cúrcuma: Es uno de los antiinflamatorios más potentes, debido a su principio curcumina. Alivia la sintomatología de la enfermedad, siendo un excelente remedio para la AR. Además tiene propiedades para ayudar a mejorar el estado de ánimo.
    • Omega 3: Se ha comprobado cómo las propiedades antiinflamatorias de los aceites ricos en omega 3 ayudan a rebajar la inflamación y aliviar el dolor de las articulaciones a personas con AR. No utilizar junto con otros suplementos anticoagulantes o con medicamentos que tengan la propiedad de fluidificar la sangre.
    • Sulfato de Glucosamina: La glucosamina se encuentra de forma natural en el cartílago y contribuye a su formación. Se ha comprobado que la administración de glucosamina ayuda a disminuir el dolor y retrasa la degradación de la articulación afectada.
    • MSM: Proporciona alivio a las molestias derivadas de la degeneración articular.

 
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