Con una incidencia del 25%, es una de las enfermedades más frecuentes del mundo. El hecho de que apenas produzca síntomas hace que muchas personas la padezcan sin saberlo, lo que perjudica gravemente su pronóstico. Una buena prevención es, por lo tanto, el mejor de los tratamientos.El corazón es una potente máquina que envía al organismo unos cinco litros de sangre por minuto. Si la presión sanguínea es excesiva, puede producir daños importantes en nuestro cuerpo, aumentando el riesgo de sufrir trastornos cardiovasculares. Aunque, en la mayoría de casos se desconoce el origen de la hipertensión arterial, hay una serie de factores que nos pueden predisponer a sufrirla. Controlándolos, podemos evitar su aparición o, al menos, retrasarla al máximo.
SOBREPESO
Las personas obesas tienen un riesgo entre 2 y 3 veces mayor que aquellas que se encuentran en su peso ideal. Se ha observado que, a medida que va aumentando el peso, también aumenta la presión arterial (por cada 10 Kg. de más, la presión máxima aumenta 3 mm/Hg y la mínima 2,2). Una de las razones es que, cuando se pesa más de la cuenta, aumenta la retención de sodio y agua, factor que empeora el pronóstico del hipertenso. La obesidad abdominal (cuando el exceso de grasa se acumula alrededor de la cintura) resulta más perjudicial que la denominada obesidad periférica ya que, junto a otros factores, es un riesgo para el corazón.
Perder peso es una de las medidas más rápidas y eficaces a la hora de reducir la presión arterial. Una dieta equilibrada baja en sal y grasas saturadas, no sólo nos hará adelgazar sino que, además, mejorará nuestro estado de salud y reducirá el riesgo de sufrir dolencias como el colesterol o los accidentes cardiovasculares (infarto, ictus, etc.).
ESTRÉS
Un exceso de tensión nerviosa, sobre todo si se prolonga en el tiempo, estimula la producción de catecolaminas (sustancias similares a la adrenalina) que hacen que el corazón lata más rápido y aumente la presión arterial, circunstancias que aumentan el riesgo coronario.
Cuando el estrés se convierte en crónico no es fácil manejarlo. Si no es posible cambiar de vida o de trabajo, los especialistas recomiendan modificar la conducta ante determinadas situaciones. Las técnicas de relajación, especialmente aquellas que dan importancia a la respiración, resultan muy útiles.
SEDENTARISMO
Según un reciente estudio, las personas con hábitos sedentarios tienen un riesgo mayor de sufrir hipertensión. El ejercicio practicado de forma habitual disminuye la frecuencia cardíaca y dilata los vasos sanguíneos, lo que reduce la presión arterial.
Los deportes más recomendados en caso de hipertensión son los de resistencia, como andar, correr, ir en bicicleta, natación…, todo ello a un ritmo suave. Deben practicarse de forma regular (un mínimo de tres veces a la semana durante una hora).
TABACO
El humo del tabaco resulta muy perjudicial para el sistema circulatorio. Además, las personas fumadoras que deben medicarse para la hipertensión, reaccionan menos ante los fármacos antihipertensivos, ya que los principios activos no son absorbidos totalmente por el organismo. También se ha observado que los fumadores, al tener alterado el sentido del gusto, tienden a salar en exceso sus comidas.
Las personas con hipertensión que dejan de fumar reducen en más del 50% el riesgo de sufrir complicaciones. Abandonar el tabaco no es fácil, sobre todo si se lleva varios años con este hábito. En estos casos, se recomienda seguir un programa tutelado por el médico de cabecera.
SAL EN LAS COMIDAS
El exceso de este condimento hace que el organismo retenga más líquido del habitual, lo que aumenta la presión en las arterias y eleva el riesgo de hipertensión. Aunque la Organización Mundial de la Salud recomienda no sobrepasar los 6 g. de sal al día, es frecuente rebasar estos líquidos.
No sólo se ha de reducir drásticamente la sal que se añada a las preparaciones, sino también evitar aquellos alimentos que la contienen en cantidades elevadas como, por ejemplo, el pan de molde, los precocinados, las aguas con gas, los concentrados de caldo, las salsas envasadas, el embutido, los salazones, las aceitunas, el queso curado, carnes ahumadas o curadas (jamón), el pescado en conserva, los “sancks”, etc. Cuando vayas a la compra, revisa la etiqueta de los artículos para comprobar su contenido en sodio (el componente perjudicial de la sal).
OTROS FACTORES QUE TAMBIÉN INFLUYEN
MEDICAMENTOS
El abuso de fármacos antiinflamatorios puede inhibir la producción de prostaglandinas, unas sustancias que bajan la tensión arterial. Las píldoras anticonceptivas pueden provocar hipertensión en el 5% de los casos.
DORMIR POCO
Durante el sueño, el corazón se relaja y la presión arterial baja. Un estudio revela que las personas que, durante cinco años, duermen una hora menos de lo aconsejado tienen un riesgo el 37% mayor de sufrir esta dolencia.
APNEA
Durante las interrupciones de la respiración, se eleva la presión sanguínea, por lo que el 30% de las personas que las sufren acaba por tener esta enfermedad.







