ADIÓS A LAS VENITAS ROJAS DEL ROSTRO



Si tienes la piel muy clara y aparecen en tus pómulos o tu nariz pequeñas venitas ramificadas de color intenso y apreciables a simple vista es más que probable que padezcas cuperosis.

La cuperosis son pequeños vasos sanguíneos que se manifiestan en la cara –generalmente en pómulos y nariz aunque pueden alcanzar el mentón o el escote– de personas predispuestas genéticamente y que se deben a una deficiente vascularización del tejido conjuntivo.

Pues bien, quienes padecen cuperosis saben que la antiestética dilatación de esas venas se agrava con la exposición al sol o a temperaturas extremas, con la ingesta de alcohol o con la toma de alimentos que producen aumento del calor (picantes, especias, platos muy calientes, etc.). Pero también con los desarreglos hormonales, con el estrés o con la diabetes, la hipertensión, los trastornos hepáticos o el embarazo y a causa de determinadas emociones, especialmente en las personas tímidas. Asimismo, los cosméticos agresivos, los tratamientos tópicos con corticoides o el uso de gafas (que presionan y comprimen constantemente la piel en la zona de la nariz) pueden potenciar ese anómalo comportamiento de la vascularización periférica de los tejidos cutáneos.

Este trastorno se puede manifestar de diversas formas –con ramificaciones grandes o pequeñas sobre la piel formando grandes grupos o en pequeños granitos– y en distintos lugares pues aunque lo habitual es que se presente en el rostro también puede darse en el cuello, en el pecho y hasta en el cuero cabelludo.

En cuanto a su incidencia en la población se puede decir que la cuperosis afecta a más mujeres que hombres y que si bien puede presentarse en cualquier tipo de piel los dermatólogos la observan en mayor medida en pieles claras, secas y finas, esto es, la más frágiles y sensibles. Lo común es que en las personas que tienen predisposición genética a padecerla empiece a manifestarse progresivamente desde los 25 a los 50 años. Los expertos coinciden en que desde los primeros síntomas deben tomarse las medidas oportunas porque este trastorno –que en principio no reviste gravedad y es más bien un problema estético que resulta más o menos incómodo– puede derivar en torno a los 35 o 40 años en rosácea, una afección dérmica mucho más severa que se manifiesta con manchas y pequeños granitos rojos, en especialmente virulenta durante la menopausia y requiere tratamientos médicos específicos.

De ahí que lo más recomendable para las personas afectadas sea extremar las precauciones evitando los factores que contribuyen a agravar la dolencia como los entornos demasiado cálidos así como los excesivamente fríos, especialmente si hay viento. Sin olvidarnos que el invierno es una época poco grata para las pieles con cuperosis pues pocas cosas les afectan más que pasar bruscamente del frío de la calle a los ambientes con calefacción. Además se deberá tener especial cuidado con las fuentes directas de calor –radiadores, estufas, chimeneas, etc.-, con las bebidas alcohólicas o calientes y con las comidas copiosas y ricas en picantes, entre otras situaciones.

Asimismo habrá que procurar a esta piel hipersensible unos cuidados especiales. Lo primero que hay que decir es que es aconsejable usar a diario cremas con protección solar o usar un filtro solar. Y es que, por su naturaleza, la piel afectada por esta dolencia es fina, ligeramente seca y produce la sensación de tirantez e incomodidad. De ahí que sea imprescindible emplear diariamente cremas hidratantes que eviten la sequedad y formen un escudo protector frente a las agresiones externas ya que la extrema fragilidad y el natural desequilibrio de la piel con cuperosis le impide defenderse y protegerse adecuadamente.

Por eso es muy recomendable utilizar sobre estas pieles productos que estimulen la circulación sanguínea y maquillajes que cubran bien el rostro y hagan de escudo frente a las agresiones externas. A la hora de desmaquillarse el producto elegido ha de ser muy suave y se deben olvidar las exfoliantes y cremas con ácidos porque afinan la capa de la piel y las venitas se transparentan más.
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Con las debidas precauciones y utilizando los cosméticos adecuados se pueden mantener a raya las venitas rojas de la cara. Pero cuando se hacen más visibles, más numerosas o más frecuentes es el momento de consultar con el médico la posibilidad de someterse a otros tratamientos.


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