CÓMO MANTENER UNA DIETA SALUDABLE

Entre los muchos propósitos que nos hacemos es alimentarnos de una forma más saludable. Para conseguirlo, no es necesario realizar grandes cambios. Con tan sólo unas pequeñas modificaciones se puede lograr grandes beneficios. Aprovecha ahora para revisar tu alimentación y cambiar aquellos aspectos que debas corregir. Ganarás salud y calidad de vida.
CLAVES DE LA ALIMENTACIÓN
Mediterránea, oriental, atlántica…¿cómo debe ser una dieta para ser considerada saludable? Según los expertos, es necesario que cumpla estos puntos.
Variada
Prácticamente ningún alimento es perjudicial en sí mismo, lo que importa son las cantidades. Comer de todo en proporciones adecuados evitará que abusemos de un alimento en particular y, de paso, permitirá que nos aprovechemos de un gran número de nutrientes distintos.
Adecuada
Cada persona tiene unos requerimientos distintos, en cuanto nutrientes y número de calorías. Factores como la edad, la constitución física, la situación personal (embarazo, menopausia, etc.), el sexo, la actividad física, etc., condicionan el tipo de dieta que debemos seguir.

PAUTAS DE ALIMENTACIÓN
Para llevar esta teoría a la práctica, tan sólo hay que tener en cuenta estos consejos.
Cantidades justas. Los expertos aconsejan comer de todo pero siempre en platos de postre, para no abusar de ningún alimento.
Cinco ingestas al día. Es el número ideal. Los expertos aconsejan realizar tres comidas principales y dos tentempiés, a media mañana y a media tarde. Las cantidades, en todos los casos, no deben ser excesivas.
Horarios fijos. Es más importante de lo que parece. Comer siempre a la misma hora y no saltarse ninguna comida nos ayudará a alimentarnos mejor.
Grasas saturadas bajo control. Los alimentos ricos en grasas saturadas (carne roja, lácteos enteros, embutidos, bollería industrial, patés, “snacks”, etc.) deben consumirse de forma ocasional, ya que son el origen de numerosas enfermedades. También se aconseja eliminar la grasa visible de la carne y la piel de las aves antes de cocinarlas y desgrasar la sopa (ponerla en la nevera y eliminar la grasa de la superficie cuando se solidifique).
Vía libre a las grasas buenas. Son aquellas que están presentes en alimentos como el pescado azul, los aceites vegetales, los frutos secos, el aguacate, etc. Ocupan un papel muy importante en nuestra dieta, ya que aumentan el colesterol “bueno” de la sangre.
Lácteos saludable. Si no existen problemas de exceso de colesterol, se pueden tomar hasta dos vasos de leche entera al día (o su equivalente en productos lácteos). Si se excede de esta cantidad, deberá sustituirse por leche desnatada.
Agua, imprescindible. Para mantener el cuerpo bien hidratado, eliminar toxinas y agilizar el tránsito intestinal, es necesario beber un mínimo de seis vasos de agua al día.
Formas de cocción. Tan importante es lo que comemos como la forma en la que lo cocinemos. Procesos como los fritos, los empanados y los rebozados no sólo añaden calorías a nuestra dieta, sino que también aumentan el nivel de colesterol perjudicial. Es mejor cocinar a la plancha, al horno, al vapor, etc.
Controlar la sal. La Organización Mundial de la Salud recomienda una ingesta diaria inferior a 5 g (más o menos una cucharadita de café), pero no se refiere únicamente a la sal que se añade a los platos. Hay que tener en cuenta, que muchos de los alimentos que consumimos contienen sal, algunos de ellos en cantidades elevadas (embutidos, precocinados, salazones…), por lo que también es conveniente controlar su consumo.
Dulces, con moderación. Pasteles, bollería, azúcar, bebidas refrescantes...se trata de alimentos ricos en calorías y pobres en fibra por lo que, tomados en exceso, pueden llevarnos al sobrepeso, además de elevar el nivel de colesterol perjudicial. No se trata de eliminarlos drásticamente de nuestra dieta, sino de tomarlos en pequeñas cantidades.
La importancia del desayuno. Es una comida muy importante, ya que nos aporta la energía que necesita nuestro cuerpo y nuestro cerebro para empezar el día. Para que resulte completo debe incluirse un zumo o una pieza de fruta (mejor si es un cítrico), hidratos de carbono de absorción lenta (cereales, pan o galletas, mejor si son integrales), y un producto lácteo.