CÓMO SER MÁS GENEROSO CONTIGO Y CON LOS DEMÁS

Guiar a un turista perdido en tu ciudad, ayudar a cruzar la calle a una anciana o escuchar a los demás son acciones desinteresadas que te hacen sentir bien. Cuando las llevas a cabo te producen una sensación agradable.
Los que son generosos se ven llevados naturalmente a hacer grandes cosas y, sin embargo, a no emprender nada de lo que no se sientan capaces. Y como nada estiman más que el hacer el bien a los otros, y menosprecian su propio interés por este motivo, siempre son perfectamente corteses, afables y serviciales con los demás.

UNA ACTITUD MUY GRATIFICANTE
Desde tiempos remotos, las personas han tenido tendencia a preocuparse por el bienestar de los demás. Los primeros grupos humanos que sobrevivieron fueron los que se ocuparon los unos de los otros, porque desarrollaron la capacidad de ponerse en el lugar de los demás para intentar comprenderlos y entender su comportamiento.

Esa capacidad primitiva de empatizar con el prójimo nos lleva a reproducir mentalmente los sentimientos de los demás. Por ello, cuando un amigo comparte una alegría suya con nosotros, nuestro cerebro y el suyo vibran en sincronía. El nacimiento de un hijo, la curación de una enfermedad o un contrato laboral causan felicidad a quienes viven esta experiencia y a quienes les rodean, porque asimilan esa alegría y la comparten.

La satisfacción de haber ayudado a alguien repercute directamente sobre nosotros. Nos hace sentir humanos, útiles y buenas personas. En consecuencia, sube nuestra autoestima y la valoración personal que tenemos de nosotros mismos.

UN ESTILO DE VIDA
Convertir esta actitud en un estilo de vida que llevemos a cabo a diario multiplicará la dosis de felicidad recibida y ayudará a que nos mantengamos en una situación de bienestar permanente.
Aprendizaje continuo. Cuando nos involucramos con los demás, entendemos por qué se comportan de una determinada manera frente a una situación y aprendemos de ello. Esto nos sirve para intentar evitar cometer los mismos errores.
Actitud positiva. El altruismo nos sitúa en un estado de bienestar y serenidad que puede ayudarnos a ver los problemas desde otra óptica y a afrontarlos con una actitud mucho más positiva.

LOS BENEFICIOS DE VOLCARTE EN LAS PERSONAS
Preocparse por los demás proporciona un sinfín de ventajas que te benefician tanto a nivel físico como espiritual.
Vivir más años. La dedicación y entrega a las personas está directamente relacionada con la esperanza de vida. Tres recientes estudios, realizados a pacientes españoles y estadounidenses, han demostrado que las relaciones sociales intensas reducen a la mitad el riesgo de muerte en cualquier edad. De ahí se desprende que lo importante no es lo que recibes, sino lo que das.
Mejora es estado de ánimo. Cuando nos preocupamos por el bienestar de los demás, nuestra mente libera diferentes hormonas que nos proporcionan una sensación de euforia, nos elevan el ánimo y nos predisponen a ganar confianza con los demás y sentimos más seguros en nuestras relaciones personales. Estas hormonas también actúan de forma efectiva contra el estrés, contribuyendo a que nos tomemos la vida sin agobios.
Felicidad duradera. Cada vez que ofreces algo a alguien de forma voluntaria se activan los centros de placer de tu organismo, proporcionándote una satisfacción personal. ¡Comparte tu alegría con los demás, la disfrutarás el doble!.