CÓMO COMBATIR LA INCONTINENCIA URINARIA

Un trastorno que no afecta únicamente a las mujeres mayores, sino también a las jóvenes e, incluso, a los hombres. No se trata, como suele creerse, de un problema inevitable, sino que puede tratarse y solucionarse con éxito.
Pequeños escapes involuntarios al reír o toser, necesidad urgente de orinar, no llegar a tiempo al baño...Son algunos de los síntomas de los distintos tipos de incontinencia urinaria, un trastorno que, si bien no reviste gravedad, sí que puede resultar muy incómodo, llegando a afectar negativamente la calidad de vida de quien la sufre.

De cada 10 mujeres con esta dolencia, siete no ha consultado nunca al médico. La vergüenza o el convencimiento de que "son cosas típicas de la edad" hace que muchas afectadas prefieran soportar la molestia sin saber que, con un tratamiento adecuado, la gran mayoría de casos tiene solución. Es necesario, por lo tanto, saber identificarla y actuar lo antes posible. De esta manera, las posibilidades de conseguir una curación total serán mucho más amplias.

FACTORES QUE AUMENTAN EL RIESGO
Con la edad, el suelo pélvico (la musculatura que contribuye a mantener la vejiga en posición correcta) se debilita, incrementando el riesgo de incontinencia. Pero el paso del tiempo no es la única causa, ya que este trastorno afecta a personas de cualquier edad.
Los embarazos y los partos vaginales aumentan las posibilidades, debido a la presión que deben soportar los músculos pélvicos. Cuanto más embarazos se tengan, más riesgo existe.
El sobrepeso también debilita la musculatura de la zona. Los kilos de más suponen una presión extra para el suelo pélvico, que se distiende.
Dolencias como el estreñimiento, las infecciones (como las cistitis recurrentes), la diabetes o las cirugías en la zona pueden provocar su aparición o agravar la ya existente.
En los hombres, la principal causa son los trastornos relacionados con la próstata.

TIPOS DE INCONTINENCIA
Hay varios tipos de incontinencia, cada una de ellas con una sintomatología propia. Estas son las señales que nos pondrán en sobreaviso, sea cual sea el caso.
De esfuerzo
Los escapes de orina aparecen al toser, reír, saltar, etc.
De urgencia
El deseo de orinar es tan imperioso que, casi siempre, el escape tiene lugar antes de llegar al baño.
Mixta
Combina las características de las dos anteriores. Es el tipo más frecuente.
De rebosamiento
La vejiga nunca puede vaciarse totalmente, por lo que siempre está llena. Los escapes se producen en cualquier momento y de forma inevitable.
Transitoria
Aparece debido a una condición temporal producida por medicamentos, infecciones, etc.

CÓMO PREVENIR SU APARICIÓN
Adoptar unos hábitos de vida correctos puede ayudarnos a reducir las posibilidades de sufrir esta dolencia.
Dejar de fumar
Los componentes del tabaco irritan la vejiga y, además, los habituales ataques de los típicos de las personas con este hábito (tos del fumador) dañan el esfínter urinario, una especie de aro muscular que permite abrir o cerrar la vejiga.
Agua, en su justa cantidad
Beber en exceso nos obliga a orinar muy a menudo, aumentando el riesgo de que, con el tiempo, se sufra distensión de la vejiga, un trastorno que impide retener la orina durante demasiado tiempo. Si, por el contrario, se bebe poco, la orina se concentra en exceso irritando las paredes de este órgano.
Ir la baño con frecuencia
Es conveniente acudir al baño de forma periódica, aunque no se tenga necesidad, ya que no hacerlo debilita los músculos que controlan la micción.
Vigilar la dieta
Hay que evitar todas aquellas bebidas y comidas que irritan la vejiga en exceso, como pueden ser el alcohol, los cítricos, el picante, el café, el té, los refrescos de cola, las bebidas con gas, el chocolate...
Deporte sin excesos
Hacer ejercicio con moderación ayuda a mantener la musculatura fuerte pero, cuidado, si nos excedemos, puede conseguir justo lo contrario. Demasiado entrenamiento presiona la vejiga y debilita el esfínter. Una buena solución es practicar un tipo de gimnasia específica que ayude a tonificar la musculatura abdominal y el suelo pélvico sin debilitarlos.

EL TRATAMIENTO MÁS ADECUADO
Si, a pesar de la prevención, la incontinencia acaba por convertirse en un problema, hay distintos métodos que nos ayudarán a combatirla. El especialista puede elegir entre varios tratamientos.
Ejercicios de Kegel
Es una gimnasia rehabilitadora que actúan en el suelo pélvico, para fortalecer la musculatura y evitar los escapes. Hay distintas formas de practicarlos. El especialista podrá orientarnos sobre el más adecuado en cada caso.
Utilización de conos
Son unos dispositivos que se introducen en la vagina. Pare evitar que se caigan, la paciente tiene que apretar la musculatura de la zona, fortaleciéndola de forma gradual.
Fármacos
Se prescriben sólo en la incontinencia de urgencia. Los más empleados son los llamados anticolinérgicos, cuya misión es relajar el músculo detrusor de la vejiga (el encargado de expulsar la orina) y estimular el tono del esfínter interno de la uretra. De esta manera aumenta la capacidad para retener orina. El tratamiento más actual consiste en tratar el músculo detrusor con toxina botulínica. Se aplica de forma ambulatoria y su efecto dura entre 6 y 9 meses.
Cirugía, en última instancia
Cuando se trata de incontinencia de esfuerzo, la cirugía puede ser una buena alternativa. Hay distintos tipos de técnicas, el especialista te recomendará la más adecuada a tu caso.
  • Colocación de una malla. Con una eficacia del 90%, es la técnica más utilizada. Consiste en insertar, a través de una pequeña incisión en la vagina, una malla sintética bajo la uretra que refuerza los tejidos. Se puede realizar con anestesia epidural o local.
  • Estimulación de los nervios. En este caso, se coloca, mediante una intervención quirúrgica, un dispositivo bajo la piel cuya misión es transmitir impulsos eléctricos a los nervios que controlan la vejiga y, de esta manera, conseguir la contracción del piso pélvico.