CONSIGUE UNA BOCA SANA Y FRESCA

Sólo nos preocupamos de nuestra boca cuando nos duele, sin tener en cuenta que la gran mayoría de trastornos bucodentales suelen avanzar en silencio, sin producir apenas molestias. Mantener una buena higiene y someternos a revisiones periódicas nos ayudarán a evitar problemas.
En el interior de nuestra boca conviven una serie de microorganismos que la protegen de las infecciones pero, en ocasiones, el equilibrio entre estos microorganismos se altera, dando lugar a numerosas dolencias. Con el tiempo, además, los tejidos envejecen y se deterioran, quedando más expuestos a las agresiones exteriores (bacterias, cepillados bruscos, sustancias corrosivas para el esmalte, etc.). Revisar a menudo nuestros dientes nos permitirá detectar señales que es posible percibir a simple vista y que pueden darnos información muy valiosa sobre la salud bucodental.

ALTERACIONES EN EL ESMALTE
Es el primer estadio de los problemas dentales. Cuando la capa externa de las piezas (el esmalte) empieza a deteriorarse, es importante ponerle freno, ya que la dolencia puede avanzar y causar problemas mayores.
Síntomas
Dientes amarillos y algo translúcidos cerca de los bordes.
Punzadas de dolor al tomar bebidas y alimentos fríos, calientes o muy dulces (sensibilidad dental).
Causas
Abrasión. El roce excesivo debido, por ejemplo, a un cepillado agresivo puede alterar e, incluso destruir, el esmalte.
Atricción. La presión excesiva al rechinar los dientes (como ocurre, por ejemplo, en el bruxismo) desgasta la superficie dental.
Erosión. Otra agresión frecuente es la que producen sustancias como los alimentos ácidos (limón, vinagre, bebidas energéticas, zumos de frutas, etc.), algunos productos blanqueante o los ácidos gástricos (este problema es frecuente en personas que vomitan a menudo, como embarazadas y enfermos de bulimia).
Qué hacer
Utilizar un dentrífico adecuado a este problema y un cepillo suave.
Evitar la exposición de los dientes a alimentos ácidos, pastas blanqueantes, etc.
En el caso de sufrir bruxismo, usar una férula protectora durante la noche.

PROBLEMAS CON LAS ENCÍAS
La acumulación de sarro en los dientes acaba por afectar a las encías, que se irritan e inflaman, deteriorándose de forma gradual y provocando lo que se conoce como gingivitis. Con las medidas adecuadas, la gingivitis puede desaparecer pero, si no se pone remedio a tiempo, dará lugar a la periodontitis, es decir, la destrucción de los tejidos de soporte de los dientes, lo que puede suponer la pérdida irreversible de las piezas.
Síntomas
Dientes oscuros, especialmente en la zona que toca la encía.
Encía sangrante, inflamada y enrojecida, que puede llegar, incluso a despegarse de los dientes.
Dientes que se mueven o se separan.
Mal aliento y mal sabor de boca.
Qué hacer
Mantener una higiene bucal correcta, utilizando hilo dental a diario para eliminar los restos de alimentos que se acumulan entre los dientes.
En el caso de que aparezca la placa, realizar una limpieza profesional para evitar que se transforme en sarro.
No fumar.

CARIES
Las bacterias que se acumulan en la boca degradan los restos de alimentos, especialmente de las harinas refinadas y los azúcares, transformándolos en unos ácidos que atacan el esmalte y lo perforan, entrando en la dentina. Estas cavidades son lo que denominamos caries.
Síntomas
Decoloración de las piezas dentales (manchas blancas que se van oscureciendo progresivamente)
Dolor dental.
Infecciones frecuentes.
Tratamiento
Para prevenir su aparición, es imprescindible mantener una correcta higiene dental. Lavarse los dientes después de cada comida evita que los restos de comida se acumulen en la boca.
Las personas propensas pueden realizarse una fluoración (baño de flúor), ya que es un mineral que fortalece el esmalte dental y previene la caries.
Una vez haya aparecido la caries, el tratamiento dependerá del grado de deterioro del diente: desde empastar la pieza a practicar una endodoncia (eliminar la parte profunda dañada del diente y sellar el conducto). Si es posible, se intenta mantener la pieza, dejando la extracción como último recurso.

MAL ALIENTO
Aunque suele achacarse a problemas digestivos, en el 90% de los casos, el origen del mal aliento está en la boca. Comer alimentos fuertes, como el ajo y la cebolla, fumar o descuidar la higiene bucal suelen ser las principales causas.
Tratamiento
Mantén una boca cuidada. Cuando nos lavemos los dientes, no hay que olvidarse de cepillar también la lengua, ya que en su superficie también pueden acumularse bacterias. Usar hilo dental con regularidad y beber mucha agua son otras de las medidas imprescindibles.
Vigila las dietas. Una alimentación baja en hidratos de carbono y rica en proteínas (como la que se sigue durante muchas dietas "de choque") pueden producir un aliento de olor dulzón, como de manzana, causado por lo que se conoce como acetosis, la producción de sustancias químicas liberadas por la descomposición de la grasa.
No fumes y reduce el consumo de café y de alcohol. Todas estas sustancias aumentan el riesgo de sufrir este problema, ya que, o bien contribuyen a la formación de placa o alteran el equilibrio de las bacterias que normalmente hay en el interior de la boca.