EL HÍGADO GRASO


El hígado es el órgano más grande del interior del cuerpo y juega un papel vital ya que realiza numerosas y complejas funciones imprescindibles ya que todo lo que comemos, respiramos y absorbemos por la piel es metabolizado, filtrado, refinado y desintoxicado por él. De ahí que algunos autores lo definan como “la central electroquímica del organismo”. Además es el único órgano que recibe sangre de dos fuentes: una que proviene del corazón y contiene oxígeno y otra que procede del estómago y los intestinos que básicamente transporta nutrientes. Además, el hígado convierte los nutrientes en sustancias que el cuerpo puede luego usar. Así, procesa carbohidratos, proteínas, grasas y minerales para que puedan ser utilizados en el mantenimiento de las funciones del cuerpo y fabrica y exporta sustancias químicas como la bilis, esencial para la digestión de las grasas en el intestino y su eliminación del organismo.

El hígado graso se le denomina como una patología o enfermedad que provoca un acúmulo excesivo de grasa en las células hepáticas.

¿A QUÉ SE DEBE ESA EXCESIVA ACUMULACIÓN DE GRASAS EN EL HÍGADO?
Una de las causas principales de la aparición del llamado hígado graso es seguir una dieta rica en grasas y en hidratos de carbono carente de frutas y verduras, pues este tipo de alimentación no sólo altera la flora bacteriana intestinal sino que además hace que el hígado llegue un exceso de grasa que éste no es capaz de metabolizar.
El 60% de las personas con hígado graso tienen sobrepeso u obesidad. Pero también el alcoholismo, la ingesta excesiva de hidratos de carbono refinados y grasas, la diabetes, la acidosis metabólica crónica, los trastornos congénitos de metabolismo (del glucógeno, de la galactosa, de la homocisteína, etc), la hepatosis del embarazo, el consumo crónico de fármacos (como salicilatos, paracetamol, ibuprofeno, ácido valproico, tetraciclinas, corticoides, etc.), el deterioro de la flora bacteriana intestinal con el consiguiente aumento de la fermentación pútrida o el sufrimiento de la mucosa intestinal pueden propiciar el cuadro clínico que se diagnostica como hígado graso.

¿CUÁLES SON SUS SÍNTOMAS?
Aumento del tamaño del hígado.
Dolor intermitente en el cuadrante superior derecho del abdomen.
Al hacer un análisis de sangre los niveles de las fosfatasas alcalinas y las transaminasas pueden estar más altas de lo establecido como normal y porque además puede asociarse e hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia e hiperglucemia.

RECOMENDACIONES:
Evita la obesidad o el sobrepeso.
Evita o limita la ingesta de alcohol.
Evita o, al menos, no abuses de los medicamentos, especialmente de analgésicos y antiimflamatorios.
Cuida la alimentación. Evita la leche de vaca, los quesos curados y las grasas de origen animal, reduce el azúcar y los dulces, cuida que no falten las proteínas vegetales en la dieta; toma antioxidantes como el selenio y las vitaminas A, C y E, alimentos ricos en fibra, pescado azul y legumbres, frutas y verduras que aseguren el buen estado de la flora intestinal.
Hacer ejercicio moderado a diario.