DIETA INFANTIL


Problemas como la obesidad, la diabetes o el colesterol ya no son patrimonio de los adultos, también los niños pueden sufrirlos, y cada vez con más frecuencia. Para evitarlo, es fundamental seguir una alimentación completa, saludable y equilibrada.
Comer adecuadamente influye más de lo que pensamos. No sólo garantiza la buena salud presente y futura de los niños sino que también determina su capacidad intelectual y su comportamiento, ya que muchos problemas, como el fracaso escolar o la hiperactividad, por ejemplo, pueden agravarse por mantener unos hábitos dietéticos incorrectos. Por esta razón, hay que asegurarse de que nuestros hijos siguen una dieta que cuente con todos los nutrientes necesarios para su salud y desarrollo.

ALIMENTOS BÁSICOS
A medida que va creciendo, las necesidades calóricas y nutricionales del niño también aumentan. Estos son los alimentos que ofrecen una mayor cantidad de los nutrientes que necesita.
LECHE
Contiene proteínas, calcio y vitaminas A y D.
Bebés. La leche materna o, en su defecto, la artificial, es el único alimento que tolera el aparato digestivo, todavía inmaduro, del recién nacido. A esta edad, se deben ingerir unos 950 ml al día. Cuando empiecen a introducirse los alimentos sólidos, la cantidad debe reducirse a la mitad.
Niños. Es un alimento muy completo, por lo que se debe unos dos vasos de leche diarios o bien otro tipo de lácteos, teniendo en cuenta que cada vaso de leche equivale a dos yogures o a 100 g de queso fresco o 50 g de curado.
CEREALES
Son una buena fuente de hidratos de carbono, un nutriente imprescindible para el crecimiento y la actividad física de los niños.
Bebés. Se introducen a los cuatro meses, mezclados con leche y en forma de papilla. Hasta los seis meses, se elegirán sin gluten, por el riesgo de intolerancia.
Niños. Se recomienda tomar cuatro raciones al día. Una ración consiste en media taza de arroz, un plato pequeño de pasta cocida, dos rodajas de pan o un bol de cereales de desayuno.
FRUTAS
Aportan una gran cantidad de vitaminas (C y A principalmente), minerales y fibra. Estimulan el tránsito intestinal y previenen enfermedades.
Bebés. También se introducen a los cuatro meses y suelen tomarse en la papilla de la tarde. Las variedades más adecuadas para esta época son la manzana, el plátano, la pera y la naranja en zumo. Hay una serie de frutas, como la fresa, el melocotón o la piña, que pueden producir alergia y no deben tomarse antes del año.
Niños. Es recomendable comer 2 - 3 frutas diarias, y que, al menos una, sea rica en vitamina C (cítricos o Kiwi).
VERDURAS
Ricas en vitaminas, minerales y fibra, son un alimento imprescindible en la dieta infantil.
Bebés. Se toman en puré, a partir de los cuatro meses, junto a la carne o el pescado. Se aconseja utilizar variedades suaves como la patata, la judía y la zanahoria.
Niños. La cantidad ideal es de dos raciones al día. Es aconsejable que, al menos, una ración sea de verduras crudas (ensalada).
CARNE
Contiene hierro y proteínas de alto valor biológico.
Bebés. Se añade al puré de verduras a partir de los 4 meses. La más adecuada es el pollo sin piel, por su bajo contenido en grasa.
Niños. Más adelante se introducirán, por este orden, la ternera, el cordero y el cerdo. Hay que tener en cuenta que también contiene grasas saturadas y colesterol, por lo que no deben ingerirse más de 3 - 4 raciones a la semana.
PESCADO
Es una buena fuente de proteínas, vitaminas, minerales y ácidos grasos omega-3 (presentes en el pescado azul).
Bebés. Empieza a introducirse a los 9 meses, siempre pescado blanco (lenguado, rape, pescadilla, gallo…) porque tiene un riesgo menor de producir alergias.
Niños. Ya pueden tomar todo tipo de variedades. Se aconseja tomar entre 3 - 4 raciones a la semana (una de pescado azul como mínimo).
HUEVOS
Tienen proteínas de alta calidad, además de aportar hierro.
Bebés. No debe incluirse antes de los nueve meses, ya que es un alimento que suele causar alergias. Primero se les debe ofrecer pequeñas cantidades de la yema y, una vez se haya comprobado que no se presenta ningún síntoma alérgico, introducir la clara (nunca antes del primer año de vida).
Niños. La cantidad semanal dependerán de la edad, aunque no deben tomarse más de tres por semana.
LEGUMBRES
Aportan una elevada cantidad de proteínas libres de grasa y hierro.
Bebés. A pesar de ser muy saludables, resultan algo indigestas, por lo que no deben comerse antes de los 10 - 11 meses. Las más suaves son las lentejas y los garbanzos.
Niños. Para digerirlas mejor, se pueden preparar en puré. Combinadas con cereales, como el arroz, resultan mucho más nutritivas. Se aconseja tomar dos raciones a la semana.

DUDAS MÁS FRECUENTES
El pan. Tanto el pan de molde como el tradicional son una buena elección, aunque este último contiene menos grasa y resulta más saciante. El pan integral es más nutritivo, además de contener una mayor cantidad de fibra, pero debe introducirse de forma gradual en la dieta, ya que puede provocar flatulencias e hinchazón abdominal.
Las grasas. Son un nutriente necesario para el desarrollo infantil, sin embargo, no conviene abusar de las denominadas grasas “malas” o saturadas (carnes rojas, embutidos, bollería industrial, precocinados…). Las grasas más saludables son las monoinsaturadas, como las del aceite de oliva, o las poliinsaturadas, como las del pescado azul.
Dulces y “chuches”. Son azúcares simples que aumentan el riesgo de obesidad y favorecen la caries. No tiene sentido prohibirlos, aunque sí debemos controlar su consumo. Los menos perjudiciales son los caramelos con palo (se pegan menos a los dientes), las palomitas de maíz y el chocolate. Evita las gominotas y los caramelos blandos.
Postres lácteos. Flanes, natillas, arroz con leche, “petits”...Son una buena acción, siempre y cuando no reduzcan el consumo de fruta (dos o tres piezas al día). Es preferible inclinarse por las preparaciones caseras.

CÓMO ORGANIZAR SU DIETA
Desayuno. Los tres alimentos principales de esta comida son los cereales, los lácteos y las frutas. Las combinaciones son infinitas: cereales con leche y zumo, tostadas con jamón York y un yogurt con fruta, leche con galletas y una macedonia, etc. A evitar: la bollería industrial, los dulces en exceso, los embutidos y los fritos.
Comida. A un primer plato energético (pasta, arroz, legumbres…) le seguirá un segundo proteínico (carne o pescado –asados o a la plancha– o huevos cocidos o en tortilla) con una guarnición de ensalada. De postre, fruta. Evita los precocinados.
Merienda. Debe ser ligera (está cercana a la cena) pero nutritiva. Puede componerse de un yogurt, una pieza de fruta, leche con galletas...Es mejor no tomar dulces ni bollería.
Cena. Debe ser poco calórica y fácil de digerir. Verdura con patata de primer plato y una ración pequeña de pescado, huevos o jamón de segundo es la elección perfecta. Si ya hemos cumplido con la ración recomendada de fruta, se puede tomar un postre lácteo o un vaso de leche.