TENDENCIA A ENGORDAR, CANSANCIO…¿Y SI ES UN PROBLEMA DE TIROIDES?

Cuando el tiroides no funciona bien, el cuerpo ve alteradas muchas de sus funciones. Kilos de más, apatía, fatiga injustificada o, todo lo contrario, irritabilidad, tendencia a adelgazar e hiperactividad son señales que nos pueden hacer sospechar de la presencia de algún trastorno en esta glándula.
A pesar de que se trate de una dolencia fácil de diagnosticar (tan sólo se requiere un análisis de sangre), sus síntomas son tan generales que no siempre se achacan a un problema de salud.

El tiroides es una glándula de pequeño tamaño (tiene unos 5 cm de diámetro), pero que juega un papel importante en el buen funcionamiento de nuestro organismo. Situada en la base del cuello, el tiroides fabrica unas hormonas (entre ellas, la tiroxina) que regula la velocidad a la que debe funcionar el cuerpo. Si no actúa correctamente, puede dar lugar a dos trastornos: el hipotiroidismo, cuando la glándula tiroides fabrica menos hormonas de lo normal, y el hipertiroidismo, cuando hace en exceso.

SÍNTOMAS DE HIPOTIROIDISMO
Estos desarreglos hormonales se traducen en una serie de señales que, aunque es posible que resulten muy habituales, si se producen en conjunto, nos pueden hacer sospechar la presencia de este trastorno.
Apatía y depresión.
Se trata de un síntoma muy frecuente (se calcula que afecta al 95% de las personas que lo sufren). La glándula tiroides también regula las funciones mentales, por lo que, cuando falta, puede alterar sensiblemente el estado de ánimo. En el caso del hipotiroidismo, al principio de sufrirlo, se puede sentir apatía y fatiga injustificadas. Cuando el trastorno se cronifica, la apatía se agudiza todavía más y, en algunos casos, puede desembocar, incluso, en depresión.
Engordar incluso haciendo dieta.
A medida que va pasando el tiempo, es habitual que el cuerpo cambie, pero también hay que tener en cuenta que la ganancia de peso también es uno de los principales síntomas del hipotiroidismo. Al ralentizarse el metabolismo, las calorías se queman más lentamente y, aunque se reduzcan las cantidades, se gana peso de forma progresiva.
Estreñimiento.
Con el hipotiroidismo, la digestión funciona más despacio, provocando problemas a la hora de evacuar con regularidad.
Otras señales.
También se puede sufrir presencia de nódulos en el cuello, hinchazón en la cara, alteraciones en la voz, lentitud a la hora de hablar, sequedad de piel y cabello, adormecimiento de manos, calambres, aumento de flujo menstrual en mujeres y mayor sensibilidad al frío.

SÍNTOMAS DE HIPERTIROIDISMO
Aunque no es tan frecuente como el trastorno anterior, el hipertiroidismo también tiene unas señales muy características.
Adelgazar de forma súbita.
En este caso, el organismo trabaja de forma acelerada, por lo que las calorías se transforman en energía más rápidamente. Esto se traduce en pérdidas repentinas e injustificadas de peso que deben ponernos sobre aviso.
Taquicardia.
Suele ser el síntoma más frecuente y también el que más se debe vigilar, ya que puede provocar alteraciones cardíacas.
Irritabilidad.
Al segregarse un número excesivo de hormonas, el cerebro se acelera, provocando trastornos relacionados con el nerviosismo y la ansiedad. Por la misma razón también se puede sufrir insomnio.
Otros síntomas.
Asimismo, es posible que se de un aumento de la transpiración, fragilidad del cabello y de la piel, en las piernas, temblor en las manos, reglas irregulares y con poca cantidad de flujo, etc.

DIAGNÓSTICO
Para detectar tanto el hipo como el hipertiroidismo, basta con realizar un análisis de sangre. Se trata de una prueba que detecta los niveles de la hormona estimulante del tiroides (TSH, por sus siglas en inglés) y de las hormonas tiroideas: tiroxina (T4) y triiodotironina (T3). La TSH está producida por la hipófisis y es la encargada de estimular la glándula tiroides para que segregue las hormonas T4 y T3.
Otras pruebas.
En el caso del hipertiroidismo será necesario, además, determinar la causa que hace que el tiroides funcione a una velocidad excesiva mediante pruebas como la palpación del cuello para determinar el tamaño de la glándula y la posible presencia de nódulos, la ecografía y la gammagrafía. En el 70% de los casos, la causa del hipertiroidismo es la enfermedad de Graves, un trastorno autoinmune que estimula la glándula tiroides haciéndola producir demasiada hormona. También puede deberse a nódulos tiroideos hiperactivos o a la tiroiditis (cuando la glándula tiroidea se inflama debido a un virus o a un problema inmune).
Hipotiroidismo e Hipertiroidismo subclínicos.
Cuando los niveles de TSH están elevados, pero las hormonas tiroideas están dentro de la normalidad, se le llama hipo o hipertiroidismo subclínicos. Esto sucede cuando, sin sufrir el trastorno, hay posibilidades de desarrollarlo en el futuro. Las personas a las que se les diagnostica no necesitan tratamiento, pero deben estar bajo observación médica.

TRATAMIENTO
Cuando se detecta el trastorno, el tratamiento irá encaminado a normalizar el funcionamiento de la glándula.
Hipotiroidismo. En este caso, el tratamiento es muy sencillo. Consiste en proporcionar la hormona tiroidea que falte mediante la toma diaria de una pastilla de levotiroxina (una forma farmacéutica de la tiroxina). En un primer momento se prescribirá la dosis más baja. Si no se restablecen los niveles normales, se aumentará la dosis. La terapia debe seguirse de por vida, aunque ya no se presenten síntomas.
Hipertiroidismo. En primer lugar, se prescriben fármacos que reducen el exceso de producción de la hormona. Tras un año y medio de medicación, se retiran los fármacos y se valoran los resultados. Si la enfermedad no remite, la segunda opción es el tratamiento mediante yodo radiactivo o la cirugía. Si existen nódulos es necesario revisarlos cada 6 o 12 meses. Si crecen demasiado se sospecha de que hayan podido malignizarse, deben extirparse.

YODO PARA PREVENIR EL HIPOTIROIDISMO
Un consumo adecuado (nunca excesivo) de yodo puede reducir las posibilidades de sufrir este trastorno. Estos son los alimentos que lo contienen en mayor cantidad.
Marisco y pescado de mar. Las almejas y berberechos (con 120 microgramos de yodo por 100 g de porción comestible), las cigalas, los langostinos, las gambas (con 90) y el mero (con 50) son las variedades más ricas en este mineral.
Algas. Las marinas son cinco veces más ricas en yodo que el agua de mar. Entre ellas, la que lo contiene en mayor cantidad son las variedades fucus y Kombu.
Verduras. El ajo contiene 90 microgramos, las acelgas y las judías verdes 35, la cebolla 20 y las setas 18.
Frutas. La piña, con 30 microgramos, es la que aporta más yodo. Le siguen la ciruela seca, el limón y la pera.
Sal yodada. Si sustituyes la sal común por la yodada, aumentarás, sin darte cuenta, el aporte de este mineral en tu dieta.

ALIMENTOS QUE SE DEBEN VIGILAR
Algunos alimentos, como el repollo crudo, los nabos, los cacahuetes y la mostaza pueden interferir con la capacidad del organismo para usar el yodo en la producción de hormonas tiroideas. Estos alimentos se conocen como “bociógenos”; sin embargo, no tienen ningún significado nutritivo a menos que se consuman en exceso. Sólo precipitan el bocio cuando la ingestión de yodo es deficiente.