DISFRUTAR DE LAS PEQUEÑAS COSAS QUE TE DA LA VIDA

Vivimos tan deprisa que, a veces, nos olvidamos de saborear los pequeños placeres: el reconfortante calor del sol, una mirada de complicidad, el tacto suave de una caricia...Si bajas el ritmo y agudizas los sentidos no se te escapará ni un solo momento de felicidad.
A cámara lenta, así es como mejor se perciben y gozan las cosas buenas que tiene la vida. Dicen los entendidos que si de algo sirven las crisis, tanto las personales como las económicas, es para ponerlo todo en perspectiva y apreciar los momentos de alegría que nos brinda la vida: la compañía de un amigo, la risa de un niño, el olor de un bizcocho recién sacado del horno...

El objetivo en la vida no es tanto alcanzar las metas que nos proponemos, sino disfrutar del viaje que nos conduce a ellas.

Déjate sorprender. Fluir por la vida sin forzar la marcha, abiertos a lo imprevisible, es más enriquecedor que programar los momentos en que se supone que debemos ser felices: fines de semana, vacaciones, etc.
Sin expectativas. Es importante avanzar hacia nuestros deseos sin cargar con el peso de las expectativas.
Cultiva la paciencia. Aprende a descubrir el ritmo interior de las cosas. Sólo si eres consciente del laborioso proceso de elaboración de un buen vino o de lo que tarda un brote en convertirse en una bella flor podrás apreciar todo su valor.
Atento a los detalles. Otra buena táctica es mirarlo todo con la curiosidad de un niño. Rompe con la rutina y, cuando vayas al trabajo, por ejemplo, coge un camino diferente y distréete con todos esos detalles mínimos, maravillas intrascendentes y pequeños milagros que tiene la vida -una interesante charla con un desconocido, la variedad de colores de un jardín...-. Este ejercicio te hará descubrir la novedad y la belleza de lo cotidiano.
El valor de lo pequeño. Trata a tus cosas como pequeñas joyas. Si aplicas ese punto de vista al cuidado de tus cosas y a tus relaciones, les concederás un nuevo valor. Tal como se dice, no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. Vivir de forma sencilla implica apreciar lo que uno tiene, desear menos cosas materiales y también minimizar las obligaciones.
Positiviza. Para que las pequeñas alegrías no se te escapen, comparte con tu entorno esos momentos enriquecedores que te ha dado el día. Si ejercitas esa nueva manera de contemplar tu vida, muy pronto se convertirá en la forma natural de ver las cosas.
Disfruta de cada minuto. Céntrate en vivir el presente -el pasado pasado está y el futuro no existe- y desconfía de la felicidad a la que se ponen condiciones: "Qué bien lo pasaré cuando...", "Qué feliz sería si...".