RESUELVE TUS CONFLICTOS INTERNOS

A la hora de decidir tu actitud ante la vida, es normal que dudes entre varias opciones. Para evitar que estas divergencias comprometan tu equilibrio, aprende a negociar contigo mismo/a.
Seguro que te ha pasado en más de una ocasión. Sabes, por ejemplo, que deber ir al gimnasio pero, te da tanta pereza hacerlo que, al final, te quedas en casa. Pero lo peor de todo es que, en lugar de disfrutar del descanso, no haces más que darle vueltas a la cabeza con pensamientos como "no he hecho lo correcto", "no tengo fuerza de voluntad", "como siga así voy a acabar con sobrepeso", etc. Y es que, dentro de cada ser humano, hay dos o más voces que pueden estar en conflicto.

Mirar las cosas desde varios puntos de vista no es nada negativo, sino todo lo contrario. El problema surge cuando ese conflicto se hace tan patente que nos provoca confusión y nos impide llevar a cabo la vida que queremos.

Para que esto no ocurra, es conveniente restablecer el equilibrio y tomar decisiones de forma coherente con nuestros verdaderos intereses. Se trata, simplemente, de aprender a "negociar" con nosotros mismos para llegar a una conclusión que contente de igual manera a las distintas voces que pugnan en nuestro interior. El primer paso, por lo tanto, será organizar una especie de debate interno donde todas las voces sean escuchadas.
Identifica esas voces. Seguro que las conoces muy bien. Las más habituales son "la voz de la conciencia" (la que te guía por el buen camino) y "la voz maliciosa" (la que te anima a satisfacer los deseos más inmediatos). Hay más ("la voz optimista", "la pesimista", "la emprendedora", "la cobarde"...). Ponles nombres a todas y sé consciente en todo momento de cuál de ellas está hablando dentro de ti.
Valora sus aportaciones en su justa medida. Como ya sabes de qué pie calza cada una de ellas, ya no corres el peligro de creerlas a pie juntillas. Relativiza y quédate tan sólo con lo más útil de cada uno de sus discursos.
Busca un punto común con todas ellas. Una vez has escuchado los argumentos de todas las voces, trata de llegar a un acuerdo satisfactorio para todas ellas. Si por ejemplo, no sabes si ir o no al gimnasio, haz un trato contigo mismo/a ("iré al gimnasio pero, cuando vuelva, me haré una buena merienda y veré una película"). De esa manera, podrás pasar una tarde agradable sin tener remordimientos de conciencia.

Los conflictos también se vislumbran en el exterior. Una persona que se debate constantemente en la duda puede ofrecer un mensaje confuso e, incluso, negativo ante los demás.
Haz lo que piensas. Te gustaría ser sincero/a pero, por educación o timidez, nunca te atreves a serlo. Te encantaría ser más atrevido/a, pero hay algo dentro de ti que te lo impide...Pon fin, de una vez por todas, con este autoboicot que te impide ser tú mismo/a.
Con tu mejor cara. Hay personas que se sorprenden cuando reciben una crítica negativa por parte de los demás ("¿cómo puede llamarme egoísta cuando yo me considero una persona generosa?"). En estos casos, es posible que tus acciones no demuestren tu verdadera personalidad. Reflexiona sobre ello y esfuérzate para ofrecer una imagen que corresponda a la realidad.