DESCONECTA Y LIBERA TENSIONES

Vivimos a un ritmo tan trepidante que no es de extrañar que, al llegar a casa, nos cueste bajar las revoluciones del motor y aparcar los temas pendientes en el rellano.
En realidad, damos vueltas a los asuntos que más nos inquietan para encontrar respuestas y tener la sensación de que controlamos nuestras vidas. El problema de los agobios y las preocupaciones excesivas es que roban nuestro preciado tiempo y malgastan nuestra energía vital. Piénsalo bien: ¿qué utilidad tiene agobiarnos por algo que ya forma parte del pasado? o...¿preocuparnos por algo que no depende al 100% de nosotros?

"No te calientes la cabeza" o "tienes que cambiar el chip" dicen las personas que más nos quieren cuando nos ven cabizbajos. La cuestión es ¿cómo?
  • Piensa en positivo. El problema viene cuando los pensamientos, en vez de actuar como una energía propulsora, es convierten "en un obstáculo, que nos convierte en víctimas de nuestros pensamientos". Evitarás que esto ocurra si inundas tu mente de puntos de vista más positivos: "No hay mal que por bien no venga porque...", "gracias a...", "por suerte...".
  • Relajación instantánea. En momentos de nerviosismo, conviene liberar la presión. Se recomienda apretar los puños con fuerza durante cinco segundos y abrirlos poco a poco, mascar chicle -al estimular la mandíbula, disminuye el ritmo cardíaco y la sobreactividad mental- o tararear una canción -las respiraciones profundas segregan hormonas de la felicidad-.
  • Energía transformadora...Si ya estás en casa, haz algo que te ayude a desconectar: jugar con tus hijos, regar las plantas, darte un baño, hacer ejercicios de gimnasia, etc. Aunque el día no haya salido perfecto, date permiso para disfrutar de pequeñas cosas, sólo así podrás dar la vuelta al contador e irte a la cama con una sonrisa de satisfacción.
  • Sin ruidos de fondo. Hay un proverbio chino que dice: "El hombre que desee estar tranquilo ha de ser sordo, ciego y mudo". No se trata de hacer una cura de silencio, pero sí de aislarse del exterior para escuchar nuestro interior. Para lograrlo, nada mejor que trabajar con la respiración. Hasta ahora se sabía que la meditación aportaba bienestar y relajación. La ciencia a demostrado que, al cabo de 3-4 meses de practicarla con regularidad, se ven estimuladas las áreas cerebrales vinculadas a la creatividad, la atención y la memoria y somos capaces de gestionar mejor la adversidad. ¿Cómo realizarla? Siéntate con el tronco erguido en una postura cómoda, coloca la mano derecha en el abdomen y la izquierda en el pecho, cierra los ojos y pon la mente en blanco, algo que se consigue prestando total atención a la respiración. Deja que los pensamientos que te pasen por la cabeza fluyan, no los juzgues, ni te detengas en ellos. Si logras concentrarte en tu respiración durante 10-15 minutos te sentirás inmediatamente más relajado/a y en equilibrio.