CÓMO DETECTAR Y TRATAR LA ANEMIA POR FALTA DE HIERRO

Es una dolencia muy relacionada con nuestra alimentación. Una dieta equilibrada y, si es necesario, suplementos de hierro pueden combatirla.
Aunque existen distintos tipos, la anemia más frecuente, sobre todo en la mujeres, es la ferropénica. Las dietas demasiado estrictas, el abuso de determinados analgésicos o las reglas abundantes suele estar detrás de la gran mayoría de casos. Prestar atención a nuestra forma de alimentarnos nos ayudará a evitar su aparición y contribuirá a combatirla cuando ya se haya manifestado.

CÓMO DESCUBRIRLA
La anemia tiene lugar, generalmente, cuando los glóbulos rojos disminuyen en número o en tamaño y, como consecuencia de ello, se reducen los niveles de hemoglobina, una proteína que se encuentra en su interior y cuya principal misión es transportar el oxígeno por el cuerpo. Si esta operación no se lleva a cabo correctamente, aparecen trastornos como los siguientes:
Cansancio y debilidad
Es el principal síntoma de la anemia, una fatiga injustificada que no se alivia con el descanso.
Dificultad de concentración
El oxígeno es imprescindible para el buen funcionamiento del cerebro. Si el aporte es insuficiente, pueden aparecer problemas como falta de memoria, confusión, dificultad de concentración e, incluso, bajo estado de ánimo (muchas depresiones pueden estar provocadas o verse agravadas por una anemia inadvertida).
Pelo y uñas quebradizos
Cuando hay escasez de nutientes, el organismo los extrae de los lugares menos importantes, como las uñas y el cuero cabelludo. Por lo tanto, si tienes déficit de hierro, es lógico que sufras problemas como la alopecia o uñas frágiles.
Cefaleas y mareos
Con menos oxígeno, el cerebro sufre una vasodilatación, lo que se traduce en un dolor de cabeza leve, pero constante, y un mareo similar al que se sufre cuando hay una bajada de tensión.
Palpitaciones
También es frecuente que el corazón se acelere ante el más mínimo esfuerzo, como apretar el  paso o subir escaleras.
Palidez facial
Debido a la falta de oxígeno, la piel del rostro está más livida y la mucosa del ojo -de un color rosado, intenso en una persona sana-, se vuelve blanquecina.

FACTORES DE RIESGO
En la mayoría de ocasiones, la anemia surge sin que, aparentemente, haya un motivo que lo justifique. Hay, sin embargo, una serie de circunstancias que pueden provocarla.
Falta de nutrientes
Un aporte insuficiente de hierro, provoca un déficit de producción de glóbulos rojos. Las dietas "milagro" o vegetarianas estrictas, en las que se restringe drásticamente el consumo de determinados alimentos, suelen ser las culpables de estas carencias.
Pérdidas de sangre
Tanto las reglas muy abundantes como los trastornos como las hemorroides, determinadas afecciones digestivas, sangrados nasales abundantes o muy frecuentes, etc., pueden causar este trastorno.
Enfermedades
Las dolencias autoinmunes como la enfermedad de Crohn, la artritis reumatoidea, la insuficiencia renal crónica, la cirrosis, las infecciones prolongadas o el cáncer también suelen provocarla.

TRATAMIENTO
Una vez detectada la anemia, la estrategia irá encaminada a compensar el déficit de hierro.
Dieta equilibrada
Es el primer paso y, a menudo, el más importante que hay que dar. Es imprescindible seguir una alimentación adecuada con un aporte extra de alimentos ricos en hierro.
A la hora de diseñar tus menús, procura que en tu dieta diaria no falten:
Marisco. Los berberechos, las almejas y los mejillones son de los alimentos más ricos en este nutriente que existen. Para beneficiarte mejor de ello, tómalos poco cocidos, preferentemente con limón.
Paté. El hígado y las vísceras también son excelentes reservas de este mineral. Si no tienes costumbre de comer este tipo de alimentos, puedes sustituirlos por paté o morcilla.
Carne. Todas las variedades proporcionan hierro. Cuanto más oscura, más cantidad contiene.
Pescado. El más rico en este mineral es el azul, especialmente las sardinas y los boquerones.
Alimentos vegetales. Son ricos en hierro los frutos secos, las legumbres, los cereales integrales, las verduras de hojas verdes los copos de avena, las frutas secas (higos, orejones...), las semillas de calabaza, etc.
Consejos a tener en cuenta
No basta con mantener una alimentación equilibrada. Es necesario, además, seguir una serie de estrategias que nos permitirán suministrar la cantidad necesaria de este mineral.
Cuidado con el café y el té. No debes tomarlos inmediatamente después de las comidas, ya que reducen la absorción del hierro. Es mejor esperar una hora como mínimo. El calcio de los productos lácteos y frutas como la granada, el membrillo, los caquis y la manzana ácida pueden tener el mismo efecto.
Mezclas prodigiosas. Hay dos tipos de hierro, el denominado hémico, presente en los alimentos de origen animal y más fácil de asimilar, y el no hémico, que encontramos en alimentos como las verduras, los cereales y frutos secos y que es más díficil de absorber. Para que este último se asimile mejor, se aconseja tomarlo conjuntamente con productos que contengan hierro hémico (lentejas con carne, verduras con pescado, etc.).
Añade limón y perejil. La vitamina C aumenta la absorción de hierro. Si añades condimentos ricos en este nutriente, como el zumo de limón o el perejil fresco a tus platos de carne, pescado, verduras, ensaladas, etc., mejorarás significativamente la asimilación de este mineral.
Siempre al dente. No cuezas demasiado la pasta y las verduras. De esta manera lograrás que los alimentos conserven mucho mejor sus nutrientes, hierro incluído.
Atención a la fibra. Es una sustancia necesaria y saludable pero, si se toma en cantidades excesivas, puede dificultar la absorción de hierro. Ten especial cuidado, sobre todo, con productos como el salvado de trigo.
Medicación
Si la dieta no basta, el especialista recetará suplementos de hierro por vía oral. Para que estos fármacos surjan efecto es preferible tomarlos en ayunas o al menos, una hora antes o dos después de haber comido. Si no asimilas bien los comprimidos, es posible que sea necesario suministrar el hierro mediante inyecciones.