ENZIMAS DIGESTIVAS

En ocasiones, a pesar de llevar una dieta equilibrada, surgen diversas molestias digestivas que nos indican que, posiblemente, no estamos digiriendo correctamente los alimentos. Descubre cómo pueden ayudarte las enzimas digetivas.
QUÉ SON?
Las enzimas digestivas son una moléculas, producidas por el organismo, que se encargan de digerir los alimentos. Los descomponen en sus unidades básicas, más pequeñas, para que puedan ser absorbidas más fácilmente en el tracto digestivo. Las enzimas actúan transformando las grasas, azúcares y proteínas en moléculas asimilables por el organismo. Aunque podemos encontrarlas ya en la saliva, la mayor parte de su actividad se presenta a nivel estomacal.

CAUSAS DE NO PRODUCIR ENZIMAS
Cuando por una enfermedad, la edad, una forma de vida acelerada, una mala alimentación o simplemente por un exceso de alimentos que sobrepasa nuestra capacidad enzimática corporal, no se producen las suficientes enzimas, pueden aparecer distintas alteraciones digestivas como: indigestión, digestiones pesadas, lentas, hinchazón, exceso de gases...
Si estas situaciones se prolongan en el tiempo, pueden dar lugar a: malnutrición, diarrea, inflamación intestinal o aumento de la sensibilidad alérgica.

TIPOS DE ENZIMAS DIGESTIVAS
Existen más de 20 enzimas diferentes que permiten la digetión de los alimentos y la asimilación de los nutrientes. Los tres grupos más importantes son:
  • Proteasas: Nos ayudan a digerir mejor las proteínas, descomponiéndolas en sus fracciones más simples: los aminoácidos.
  • Lipasas: Disgregan las grasas o lípidos en sus componentes más simples para que éstos puedan ser utilizados.
  • Amilasas: Son necesarias para la digestión y el aprovechamiento de los hidratos de carbono complejos que provienen principalmente de los cereales.
CUÁNDO SON RECOMENDABLES?
Las enzimas son fundamentales en el proceso digestivo, facilitando la digestión y aumentando también el valor nutricional de los alimentos. Una significativa ayuda para:
Digestiones pesadas
Para que los alimentos sean digeridos completamente, cada enzima debe ser segregada en la cantidad adecuada y en el momento preciso. Si no, se produce una mala digetión o una mala absorción de los alimentos, lo que puede ocasionar:
  • Falta de energía y deficiencias nutritivas.
  • Malestar digetivo: ardor, pesadez, acidez, náuseas, reflujo...
  • Alteración del movimiento de los intestinos (diarrea, estreñimiento...)
  • Otras alteraciones más graves: enfermedad intestinal inflamatoria.
Trastornos del metabolismo lipídico: aumento de peso
El principal problema de las grasas (triglicéridos) es que no pueden ser absorbidas como tal, ya que las moléculas demasiado grandes para pasar la pared intestinal y alcanzar la circulación sanguínea. De este modo, no pueden ser utilizadas como fuentes de energía, por lo que aumenta la insulina en sangre para poder utilizar la glucosa como combustible. También aumentan el colesterol y los triglicéridos en sangre y el almacenamiento de grasa en forma de cartucheras, grasa abdominal..., lo que puede llevar al conocido como síndrome metabólico (hipertensión, obesidad, hiperinsulinemia, diabetes tipo II, hipertrigliceridemia).
Problemas para digerir el gluten (pizza, pasta, pan...)
El Gluten es una glicoproteína amorfa que se encuentra en la semilla de muchos cereales (trigo, cebada, centeno...). Su intolerancia aguda desemboca en la enfermedad celíaca, una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la inflamación crónica de la parte próxima del intestino delgado y que se manifiesta con dolores abdominales, distensión abdominal, nauseas, estreñimiento...Al margen de esta patología, también hay personas que sin ser intolerantes, tienen problemas para digerir el gluten. En estos casos, un suplemento puede mejorar los síntomas que acompañan a la mala digestión de gluten.
Problemas para digerir la lactosa (leche, yogur, queso...)
La intolerancia a la lactosa puede ser congénita -desde el nacimiento- o adquirida.
La adquirida suele producirse como consecuencia de una agresión a la mucosa intestinal por virus, bacterias, antibióticos, quimioterapia, diarreas, enfermedades que afectan al intestino, etc.
Cuando el organismo produce poca o ninguna cantidad de la enzima lactasa, surge la imposibilidad para metabolizar la lactosa (el "azúcar de la leche"). Los síntomas suelen aparecer de los 30 minutos a las 2 horas después de haber ingerido alimentos que contengan lactosa. Dependiendo del nivel de deficiencia de lactasa y de la cantidad de alimento ingerido, la magnitud y el número de síntomas varía: cólicos y distensión abdominal, gases, pérdida de peso y desnutrición, crecimiento lento (en niños), diarrea, erupciones cutáneas...No todas las personas que presentan problemas con el consumo de lactosa sufren intolerancia a la misma. En algunas ocasiones el problema suele ser únicamente una mala digestión de la lactosa, en cuyo caso, un suplemento puede ser una importante ayuda.