CÓMO EVITAR Y TRATAR LA DIABETES TIPO 2



Un estilo de vida saludable podría evitar el 80% de los casos de diabetes tipo 2. Para detectarla a tiempo y mantenerla controlada, es imprescindible prestar atención a estas indicaciones.

Se trata de un problema de salud cada vez más frecuente, sobre todo en países industrializados. Las razones de este aumento son la mayor esperanza de vida y, especialmente, el exceso de peso debido a las dietas muy calóricas y el sedentarismo. Muchos afectados no son conscientes de que la sufren hasta que es demasiado tarde, lo que es un problema, ya que la diabetes mal controlada puede provocar problemas visuales, renales, cardíacos, etc.

La diabetes consiste en un exceso de glucosa (azúcar) en la sangre. El cuerpo no tiene o no utiliza correctamente una hormona segregada por el páncreas llamada insulina, cuya misión es regular los niveles de glucosa. El páncreas, obligado a producir esta hormona en mayor cantidad, acaba por fatigarse, produciendo menos cantidad, lo que dispara los niveles de glucosa en la sangre.

Si estos niveles superan los 126 mg/dl, se diagnostica diabetes. Cuando son más altos de lo normal, pero no tanto como para considerarse diabetes (entre 100 y 125 mg/dl) hablamos de un estado de prediabetes. Si nos encontramos en este caso y seguimos con nuestro estilo de vida habitual, lo más probable es que acabemos siendo diabéticos.

¿A QUIÉN PUEDE AFECTAR?

Hay personas que, debido a determinadas circunstancias, están más expuestas a sufrir diabetes que otras:
  • Hipertensos: Tener valores superiores a 140/90 mmHg también nos predispone a sufrirla.
  • Colesterol Alto: Lo mismo ocurre cuando el colesterol HDL ("bueno") está bajo (menos de 35 mg/dl) o los triglicéridos están altos (más de 250 mg/dl).
  • Mujeres que hayan padecido diabetes gestacional o que hayan tenido hijos con un peso al nacer de más de 4,5 Kilos.
  • Personas con antecedentes de diabetes de tipo 2 en la familia, principalmente en parientes cercanos como padres, hermanos o hijos.
  • Personas con exceso de peso y hábitos sedentarios.
  • Mayores de 40 años.
Hasta hace muy poco, la diabetes tipo 2 se asociaba a las personas de la tercera edad pero, de un tiempo a esta parte, cada vez son más frecuentes los casos en personas jóvenes, incluso en niños. El sedentarismo y el progresivo abandono de la dieta mediterránea parecen ser los culpables de esta dolencia.

QUÉ OCURRE CUANDO NO SE TRATA?

Si los niveles de glucosa no se controlan como debieran, los primeros afectados son los vasos sanguíneos. Estas son las principales consecuencias de ello:
  • Retinopatía diabética. Se produce como consecuencia del deterioro de los vasos que irrigan la retina (la parte posterior del ojo). Si no se trata a tiempo es posible que produzca ceguera. 
  • Nefropatía diabética. Los niveles altos de azúcar en la sangre pueden dañar gravemente el riñón, hasta el punto de producir una insuficiencia renal. 
  • Trastornos cardiovasculares. La diabetes no controlada también afecta los vasos del corazón y del cerebro, aumentando el riesgo de sufrir angina de pecho, infarto e ictus cerebrales.

SINTOMAS QUE DELATAN SU PRESENCIA

Uno de los problemas de esta dolencia es que suele presentarse de forma silenciosa, sin apenas dar señales. La diabetes no duele, pero esto no quiere decir que resulte inofensiva.

Es importante escuchar al cuerpo. Si se empieza a percibir alguno de estos síntomas, aunque resulten leves y no demasiado molestos, se debe poner en conocimiento del médico lo antes posible:

Incremento de la cantidad de orina
Se trata de una señal muy frecuente en la diabetes. Se debe a que el riñón intenta eliminar el exceso de glucosa en la sangre a través de la orina. El volumen de la orina aumenta de forma significativa y es preciso acudir al baño con más frecuencia. Los niños, incluso, pueden mojar la cama durante la noche.

Aumento del apetito y de la sed
Al no poder aprovechar la glucosa de los alimentos debido a la falta de insulina, las células del organismo, están faltas de energía. Para intentar conseguirla, el cerebro hace que aumente la sensación de hambre. Las personas con diabetes tienen un apetito constante e inusual que les hace comer compulsivamente y a deshoras. También es muy frecuente tener una mayor sensación de sed.

Pérdida de peso de forma progresiva
Esto ocurre porque el cuerpo, al no disponer de la energía que le falta, intenta obtenerla del tejido muscular, que se reduce.
 
Cansancio e irritabilidad
Esta enfermedad suele causar cansancio injustificado, a la hora de transformar la glucosa en energía provoca que las personas con diabetes se sientan más fatigadas de lo normal. La persona que la sufre puede sentirse débil y somnolienta.
 
Trastornos oculares
El cristalino absorbe un exceso de glucosa y agua, lo que dificulta la visión. Pueden observarse trastornos como visión doble o borrosa, presencia de luces o manchas en el campo visual, sensibilidad a la luz, sensación de presión en los ojos, etc.
 
Infecciones y heridas que no sanan
El exceso de glucosa reduce la capacidad del organismo de sanar heridas y combatir las infecciones de la piel. Los enfermos de diabetes son propensos a sufrir heridas, llagas y ampollas (especialmente en los pies), que no suelen producir dolor y que no acaban de curarse nunca. También es frecuente padecer hongos vaginales e infecciones recurrentes en la piel, la encía o la vejiga.
 
Picor
Es bastante habitual tener sensación de prurito en todo el cuerpo, muy especialmente en la zona vaginal.
 
Sensación extraña en manos y pies
Otro posible síntoma de esta dolencia es la sensación de hormigueo o entumecimiento en las manos o los pies.
 
Problemas de erección
El exceso de glucosa en el organismo afecta la circulación sanguínea, por lo que no es extraño que los hombres con diabetes tengan dificultades para conseguir la erección.
 
DIFERENCIAS ENTRE DIABETES TIPO I Y II

Sus síntomas son similares aunque hay una serie de particularidades que nos pueden hacer pensar en uno u otro tipo:

Edad
Mientras que la diabetes tipo II. al estar fuertemente influenciada por el estilo de vida, suele aparecer con mayor frecuencia en la segunda mitad de la vida, la de tipo I, de carácter congénito, aparece durante la niñez o en los primeros años de la adolescencia.
 
Intensidad
Generalmente, los síntomas de la diabetes tipo I se manifiesta de una forma rápida y abrupta, por que resultan más evidentes mientras en la de tipo II lo hacen más lentamente. Por esta razón, en este último caso, muchas veces se pasan por alto o no se les dan importancia hasta que se presenta una complicación.

CÓMO SE PUEDE PREVENIR?

La diabetes tipo I no se puede prevenir, pero si la de tipo II, ya que está muy ligada al estilo de vida. Cuatro son los pilares principales sobre los que debe sustentarse la prevención de esta enfermedad: una dieta equilibrada, un peso correcto, el ejercicio y controles periódicos. Poniendo atención a estos factores, tendremos mucho a nuestro favor.

Evitar el sobrepeso y la obesidad
Es el principal factor de riesgo de esta enfermedad. El riesgo de padecer diabetes tipo 2 es directamente proporcional al exceso de peso. Cuando se pesa más de la cuenta, la grasa, sobre todo aquella que se concentra en abdomen, libera una serie de hormonas que dificultan la producción de insulina.

Para contrarrestar este efecto, las células del páncreas producen una mayor cantidad de esta sustancia, hasta que llega un momento en el que estas células se agotan, apareciendo la diabetes. Aunque se tenga una predisposición genética a sufrir este tipo de diabetes, si se mantiene un peso saludable, es posible que esta dolencia no llegue a aparecer o, si lo hace, sea más tarde de lo previsto. Esto es especialmente importante en la caso de los niños, ya que el sobrepeso infantil aumenta el riesgo de sufrir esta enfermedad tanto a corto como a medio-largo plazo.

Si sobran unos kilos, cualquier pérdida de peso que se experimente aunque sea pequeña, reducirá las posibilidades de padecerla. La pérdida lenta pero progresiva de peso es la medida más importante a la hora de prevenir esta enfermedad. No se trata de hacer una dieta y después abandonarla, sino de cambiar nuestra forma de alimentarnos de forma definitiva.

La dieta puede cambiar la medicación, por lo que es obligatorio que la persona diabética tenga un seguimiento médico y además se recomienda que acuda a un dietista para que le facilite una alimentación ajustada a sus necesidades.

Comer de forma saludable
Según un reciente estudio, las personas que siguen una alimentación rica en cereales integrales, frutas, verduras (sobre todo las de hoja verde), frutos secos y lácteos bajos en grasa tienen un riesgo de un 15% menor de poder desarrollar diabetes tipo 2.

Por el contrario, aquellas que abusan de las carnes rojas, los productos lácteos excesivamente grasos (quesos curados, mantequilla, leche entera, etc.) y los cereales refinados, como el pan blanco, aumentan el riesgo de sufrirla en un 18%.
La dieta debe ser lo más saludable posible, con abundancia de alimentos naturales. Para ello, es conveniente seguir estos consejos:
 
  1. Eliminar los hidratos de absorción rápida. Los encontrarás en las bebidas azucaradas, los dulces, la miel, el azúcar, las harinas refinadas y sus derivados, ya que pueden provocar subidas rápidas del azúcar en la sangre.
  2. Aumentar el consumo de fibra. La fibra que se encuentra en alimentos como los cereales integrales, las verduras y hortalizas, las legumbres cocidas, las frutas enteras y naturales, los frutos secos y los cereales integrales ayuda a controlar los niveles de glucosa en el organismo, ya que evita las elevaciones bruscas que tienen lugar después de comer.
  3. Reducir el consumo de grasas. Las grasas aumentan el riesgo de sufrir esta enfermedad, sobre todo las saturadas (carne roja, embutidos, lácteos enteros, precocinados, bollería industrial...). Es conveniente, por lo tanto, reducir drásticamente su consumo y sustituirlo por grasas beneficiosas (aceite de oliva, pescado azul, frutos secos, aguacate...).
  4. Evitar alimentos procesados con mucho azúcar o grasas, como los yogures con fruta industriales, yogur cremoso, quesos para untar, galletas, chocolates, bollería y cualquier producto industrial en general (siempre contienen mucho azúcar y/o muchas grasas).
Hacer ejercicio
Evitar el sedentarismo a toda costa. Cuando se hace ejercicio, los músculos, al consumir glucosa, hacen que disminuya su cantidad en la sangre, lo que reduce el riesgo de sufrir diabetes tipo 2. Además, el deporte quema las grasas y los glúcidos (azúcar) ayudando a combatir el sobrepeso.
 
Para que resulte eficaz, el ejercicio debe ser prolongado, de intensidad moderada y, sobre todo, debe practicarse de manera periódica. Lo ideal sería realizar sesiones de 30-45 minutos un mínimo de tres días a la semana.
 
Los deportes más adecuados en este caso son la marcha rápida, la natación y la bicicleta...Si no tenemos tiempo o nuestra forma física no nos lo permite, caminar a buen paso unos 30-45 minutos al día también es un excelente ejercicio. Dedicar 30 minutos diarios a hacer ejercicio (como, por ejemplo, caminar a buen paso) permite prevenir hasta un 60% los casos de diabetes tipo 2.
 
Controles periódicos
Todas las personas mayores de 45 años deben someterse de forma regular (cada 1-3 años) a un chequeo para controlar el nivel de glucosa en sangre.

CÓMO TRATAR LA DIABETES TIPO 2 CON SUPLEMENTOS NUTRICIONALES?
Los suplementos nutricionales son alimentos que, por su composición, pueden ser adecuados de introducir en la dieta de los diabéticos.

Se debe acompañar de una dieta para la diabetes. Los complementos no sustituyen el tratamiento médico pero pueden ayudar a mejorar la enfermedad. Antes de tomarlos se debe consultar con el médico.
  • Arándanos: Por su contenido en mirtilina, inositol, pectina, fructosa, rutina y ácido ascórbico, se considera como un buen antidiabético, y se piensa que podría tener efectos positivos en personas con diabetes mellitus no-insulino dependiente, es decir aquellas personas que han desarrollado la enfermedad de mayores.
  • Omega 3: Mejora la tolerancia a la glucosa en personas con diabetes tipo 2. Cuida la salud cardiovascular y ayuda a prevenir la enfermedad metabólica (caracterizada por hipertensión, colesterol y arteriosclerosis). En diabéticos de tipo 1 también es interesante este suplemento ya que ayuda a mejorar los casos leves de neuropatía díabética (afectación de los nervios causada por la diabetes), tales como hormigueo, o dolor en las extremidades. No utilizar junto con otros suplementos anticoagulantes o con medicamentos que tengan la propiedad de fluidificar la sangre.
  • Ajo: Mejora la circulación y atenúa los niveles de azúcar. El ajo presenta contraindicaciones cuando se utilizan medicamentos anticoagulantes.
  • Chía: Ayuda a absorber más lentamente los azúcares de la comida, evitando las hiperglucemias, aunque se debe acompañar de una dieta adecuada para la diabetes. Se recomienda la supervisión de un médico, ya que puede producir hipoglucemia en caso de diabéticos tipo 1 o diabetes tratada con insulina.
  • Ginseng: Activa una producción más adecuada de la insulina, mejorando el estado general del organismo, así como de su estado anímico. El ginseng puede interferir en alguna medicación: fármacos antidiabéticos, anticoagulantes y anti-plaquetarios. Se recomienda descansar 1-2 semanas cada 2-3 semanas de tratamiento.

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